El miércoles 15 de agosto de 2007 es una fecha que los peruanos no olvidaremos en mucho tiempo. No solo porque no podremos borrar de nuestras memorias las imágenes que día a día vemos frente a nosotros, sino porque además quedará registrado en los anales de la historia, que ese día hubo un terremoto que osciló entre los 7,8 y los 8 grados (eso depende de la escala que elijamos como nuestra referencia) que causó - hasta el momento según registran las estadísticas- más de 500 muertos y cerca de 2000 heridos. Desde ese día los ojos de todos los peruanos dispersados en el territorio nacional y fuera de él (yo me incluyo entre los peruanos en la diáspora) se fijaron en las sureñas localidades de Ica, Chincha y Pisco. Sí, Chincha, esa tierra que nos hace pensar en la música negra, en el barrio del Carmen y en
Y ¿cómo vive esta situación un peruano en el exilio? Supongo que de distintas maneras. Yo voy a comenzar por contar mi propia historia. El 15 de agosto fue feriado en Francia. El mismo día que
Al día siguiente como todos los días me dirigí a mi clase de francés y a media mañana (eso quiere decir a las 10 y 30) aprovechando el descanso de 15 minutos entre clase y clase, fui a la sala de computadoras a consultar mi correo y leer las noticias. Y ¡pumba! La realidad me dio una bofetada. Recibí un mensaje que me contaba lo del terremoto. Y el correo empezaba diciendo algo así: "a estas alturas ya sabrás lo del terremoto..." Pues no, a esas alturas no sabía nada de nada. Cómo iba yo a saber, si entre el Perú y
Pero ahí no queda la cosa. Al instante un compañero jesuita chileno me avisó que él también había leído la noticia en Internet. Claro que fue de los pocos que se enteró de la desgracia nacional. Los compañeros de mi clase de francés que vienen de todo el mundo (Suecia, China, Rusia, España, Brasil, México, Irlanda, Alemania y Hong Kong) casi no saben ni qué es ni dónde queda el Perú. Y desde entonces no he dejado de revisar la Internet para tener noticias. En la tele, el mismo día pude ver algunas imágenes en los noticieros franceses. Dos días después no hay más noticias por la televisión. El Perú queda muy lejos y desgracias hay en todo el mundo. Y como no hay más muertos de los ya presentados, de pronto dejamos de ser una noticia importante para las cadenas galas. En la prensa escrita encontré algunas noticias, aunque con días de retraso. Y fundamentalmente la fuente de mis informaciones ha sido la Internet. El terremoto en el Perú fue destacada en casi todos los portales de los diarios más importantes del mundo entero. Claro, pronto ha dejado de ser así para dar pie a otras desgracias mundiales. Porque al terremoto en el Perú, se suma el Huracán en el Caribe, el terremoto en Filipinas, y antes de eso las inundaciones en
trabajó como periodista hasta antes de hacerse jesuita.
Es duro lo que pasa en el Perú. Y para uno que está fuera del país, es un verdadero alivio saber que la familia está bien, después del susto inicial de no tener noticias por el colapso que sufrieron las líneas telefónicas, algo que constaté yo mismo al tratar de llamar al Perú para hablar con mi mamá, pero no pude hacerlo hasta la noche del 16. Es un alivio saber que los jesuitas del Perú están bien, gracias al mensaje que envió Jero al día siguiente del terremoto o quizás fue el mismo día, uno no sabe bien con esto del cambio de horario. Pero del alivio inicial uno pasa al sentimiento de frustración al ver lo mal que la están pasando por allá y uno aquí, al otro lado del Gran Charco, sin saber bien qué hacer. Porque es frustrante encontrarse con las imágenes en la tele, en los diarios o en Internet; y enterarse del dolor y sufrimiento de tanta gente que no tiene qué comer, de gente que lo ha perdido todo, de gente que no para de llorar, que no para de pedirle a Dios que cesen las réplicas, que encuentren a sus familiares perdidos o que lleguen más alimentos.
Cada noticia que uno lee es como un cachetazo. Las historias del clan familiar que desapareció mientras celebraban
No hay día en que no deje de pensar en el Perú y sus víctimas. No hay día en el que no pida por ellos en
Hugo
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