En estas últimas semanas tres compañeros peruanos: Edwin Vásquez, Pedro Oblitas y Alfredo Ruska, han pronunciado sus Últimos Votos. Ellos han concluido sus estudios y luego de ser ordenados sacerdotes se han ido integrando a diversas labores apostólicas. Ahora les llegó el momento de integrarse definitivamente a la Compañía de Jesús, dispuestos a vivir la misión en cada una de las tareas que les han sido encomendadas. Pero ¿a qué llamamos "votos" en la vida del jesuita?
La historia de la vida religiosa, que se inició en los primeros siglos del cristianismo, está marcada por los votos -en el sentido de "promesas" y "ofrendas"- que se pronuncian en algún momento del período que sigue cada congregación u orden religiosa. Toda persona que opta por la vida religiosa en la Iglesia Católica pronuncia al final de su Noviciado (la primera etapa de formación espiritual) tres votos: pobreza, castidad y obediencia. Estos votos son los que convierten a una persona en religioso, según el derecho canónico de la Iglesia. Los jesuitas, como todas las demás familias religiosas en la Iglesia, pronuncian estos tres votos al final del Noviciado que dura dos años. Pero en la dinámica de la Compañía de Jesús, éste es todavía el inicio del camino.
La integración plena y definitiva al cuerpo de la Compañía se hace mucho más adelante, después de la ordenación sacerdotal para aquellos que como jesuitas han optado por ser sacerdotes (otra posibilidad es ser hermano). Ignacio de Loyola concibió la Compañía de Jesús como un cuerpo que se va integrando poco a poco. Después de terminada la formación, los jesuitas son invitados a hacer la “Tercera Probación”, una época que les permite volver a las raíces de su vocación, el tiempo necesario para hacer los Ejercicios Espirituales durante un mes (como lo hacen todos los jesuitas durante el Noviciado), para leer los textos fundadores de la tradición jesuita, y para hacer una relectura de todo el tiempo vivido.
Solo después de haber pasado por la Tercera Probación, los jesuitas son invitados a pronunciar los “Últimos Votos”. ¿Acaso eso significa que los votos hechos años atrás no valen? No, no se trata de eso. Esta es la confirmación definitiva y la integración definitiva al cuerpo de la Compañía de Jesús. En los primeros votos, los jesuitas, expresan su deseo de vivir y morir al interior de la Compañía de Jesús. Estos votos son perpetuos, para siempre. Pero es al final de la formación, cuando se han terminado con todos los estudios necesarios y el sujeto está listo para integrarse de manera plena y definitiva en la misión que él puede pronunciar sus Últimos Votos.
Votos de Edwin Vásquez, S.J.
Es en este momento en el que los Jesuitas pueden ser invitados a pronunciar el cuarto voto de obediencia al Papa. El cuarto voto es todo un tema de conversación entre aquellos que conocen mucho o poco de los jesuitas. ¿Por qué un cuarto voto? ¿Por qué al Papa? Ignacio decidió añadir un voto especial de obediencia al Papa en cuestiones de misión. Para Ignacio de Loyola es importante enfatizar que los Jesuitas están al servicio de la misión de la Iglesia. La Compañía de Jesús no está al margen de la Iglesia, está integrada en ella y dispuesta a ir allá donde el Papa, representante de la Iglesia, decida qué es lo más conveniente para transmitir la Buena Nueva del mensaje de Jesús.
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