Magaly y Luciana

La condena de Magaly Medina y las sospechas que pesan sobre Luciana León tienen algo en común. Si, como decía San Agustín, la delectación es lo que orienta la vida, lo que seduce al peruano, con delectación concupiscente, es el chisme. Y lo que nutre el chisme es el escándalo. Tanto más el chisme es escandaloso, tanto más merece la pena que sea comentado. Ocurre una y otra vez que pasamos al lado de los problemas de fondo porque nos entretenemos en saber qué pasó con el chisme que está a la orden del día. El chisme, eso es lo común a estas dos mujeres que ahora aparecen en la escena pública. Pero lo que este chisme puede hacer creer es que Magaly y Luciana son las dos únicas formas de ser mujer en el Perú como si no tuviéramos en nuestro entorno otras modelos. Con todo, no puede negarse que estas dos mujeres han irrumpido en la escena pública como fruto de un “empoderamiento” que habría que mirar con calma porque detrás del ruido hay un paradigma periodístico y un paradigma político. Desde ámbitos diferentes, ellas forman parte de la escena pública.

Chismosos junto al Obelisco, Leonor Escardó

La escena pública es siempre más peligrosa que la privada porque el escenario muestra incoherencias y deficiencias que el individuo no ha hecho necesariamente consciente. Magaly y Luciana se encuentran en una encrucijada: tanto la una como la otra temen perder credibilidad frente a la escena pública. Ambas se defienden con la “verdad” en la mano: el futbolista estuvo en el lugar en el que Magaly dice que sus “chacales” lo vieron; el padre de Luciana pidió a la hija cosas inusitadas a las que ésta no correspondió. ¿Qué conclusión podemos sacar quienes de algún modo formamos parte de la opinión pública? Luciana no ha merecido el apoyo popular que ha merecido Magaly. ¿Qué significa esto? ¿Que Magaly es inocente? ¿Que Luciana es culpable? ¿Podría la opinión pública ser más ilustrada, más formada?

A mi manera de ver, las historias de Magaly y Luciana nos pueden hacer entender algo de nuestro tejido social. Schopenhauer dice que la víctima y el verdugo son una y la misma persona. La victima se equivoca porque cree no participar de la culpa. El verdugo se equivoca porque cree no participar de la pena. Sentencia áspera, pero que puede decirnos cruelmente la verdad que tenemos que enfrentar. En la controversia entre Magaly y el futbolista, tomar partido por una o por el otro es irrelevante desde la posición en la que me encuentro porque parto del presupuesto de que todos podemos equivocarnos. El problema no es equivocarse. El problema es rechazar este presupuesto básico . En este sentido, lo que sí me parece claro es que Magaly es la víctima. No estoy manifestándome sobre su condición judicial – que debe seguir su curso –, sino social. Sin embargo, Magaly no es la víctima del futbolista, ni del poder judicial sino del pueblo – dentro del cual, por supuesto me incluyo. René Girard nos ha dicho que toda organización social busca “chivos expiatorios” para subsistir y para tranquilizarse a sí misma. Toda sociedad necesita sacrificar a estos “chivos expiatorios” para asegurarse de que esta sociedad no se dañará a sí misma. Magaly, a pesar de ella, ha sido la víctima elegida por quienes la celebran acríticamente. Esto explica, a mi manera de ver, porqué quienes la sacrifican, sienten pena, desolación y dolor. El verdugo participa también del castigo. ¿No hubiera sido deseable que hubiera instancias civiles intermedias que velaran sobre la libertad de expresión?

Magaly Medina (elcomercio.com.pe)

El rol que lo social ha cumplido con Luciana es menos claro. Repentinamente aparece inmiscuida en una historia truculenta. En su caso, la opinión pública se convierte en el escenario en que ella despliega una serie de verdades que ya no sabemos en qué dirección van. Luciana apela a la opinión pública esperando que ella le de su apoyo, mientras ésta se pregunta si realmente las cosas ocurrieron así. Es muy difícil saber si la opinión pública, siempre diletante, llegará a persuadirse. Diga lo que diga, ya fue absuelta o ya fue condenada. Su caso me recuerda la dialéctica del amo y del esclavo de Hegel. Es difícil saber cuál de estos roles cumple quien aparece en los medios como usada y con la potestad de usar. El amo se confunde con el esclavo. ¿No sería deseable que las organizaciones partidarias imaginaran mecanismos de control legales para ayudarse a construir no sólo una imagen, sino el bien? ¿Qué lección podemos extraer de estas dos historias quienes parecemos estar sentados en la tribuna viendo el espectáculo?

No pretendo estigmatizar a Magaly o a Luciana. Los procesos siguen su curso, pero podemos aprender o recordar algo sobre el ser humano y sobre nuestro tejido social. Para Pascal, el hombre se encuentra entre Dios y la bestia, entre la gracia y el pecado y, si una verdad del cristianismo es notable, es la consciencia del lugar intermedio que ocupa el ser humano. De allí que le haga falta la gracia de Jesucristo para ponerse en movimiento. Eso no es, sin embargo, el pretexto para no procurar hacer el bien como si éste no dependiera de nosotros. Todo lo contrario. El bien es lo que más y mejor resiste a todos los desmentidos que hace la historia del hombre. Mientras el ser humano no sea lo suficientemente generoso – lo cual significaría que es habitado por el bien – debemos contentarnos con repetir una condición necesaria para hacerlo acercarse lo más posible al bien. Esta condición es expresada por la regla de oro evangélica: “Y como quieren que hagan los hombres con ustedes, así también hagan ustedes con ellos” (Lc. 6,31). Que la regla sea de oro, significa que es primera y es universal. Si sé que quien tengo enfrente se quiere lo suficiente, sé también que querrá mi bien. En este sentido, esta regla suscita un clima de confianza como soporte de nuestras relaciones de todo tipo. Pero esa confianza la hemos perdido.

Luciana León (peru21.pe)

En el Perú confiamos poco en nuestro tejido social y, en consecuencia, en nuestras instituciones. Si éstas llegaran a decidir algo contrario a lo que deseamos, pretendemos que esa “decisión errónea” se constituya en prueba de nuestra falta de confianza: “ya ves, estaban coludidos” o “cuanto habrá pagado”. Esta manera de pensar es viciosa; sólo refleja nuestra falta de confianza generalizada como telón de fondo de nuestra vida pública. Si tuviéramos la certidumbre de que quien está frente a mí, no pretende engañarme ni aprovecharse, probablemente las cosas serían diferentes. Pero qué acostumbrados estamos a esto. ¿No será tiempo de preguntarnos si acaso no hacemos exactamente lo mismo que criticamos?

Creo que la lección que deberíamos sacar es ésta:
1. Menos apariencia y más verdad. Mientras nuestro tejido social sea sólo escenario cuasi teatral, seguiremos dando crédito a todo lo que aparece. Más bien, la única verdad está en la confianza de sentir que quien está frente a mí, quiere mi bien. Tenemos delante pues la serísima tarea de rehacer los nudos de nuestro tejido social. Hay que comenzar con una regla.
2. Más caridad y menos egoísmo. Me parece que no se pueden resolver estos problemas sin diálogo de por medio. Estas historias que nos apenan, por razones diferentes, deberían suscitar el diálogo y el debate. Pero por lo pronto, qué deseable sería que pudiéramos llegar a mínimos, que en realidad son de suyo ya enormes: haz al otro lo que esperas que hagan contigo. Deberíamos romper nuestro mal hábito de esperar poco del otro, de esperar que me engañe, que me violente. La regla de oro pone la iniciativa en cada uno de nosotros no porque ella reafirme nuestro egoísmo e interés, sino porque el amor por el bien comienza y ha comenzado con nuestra historia. “Haz” significa querer el bien aun recibiendo poco o nada.

Rafael Fernández Hart, S.J. (Lima). Filósofo. Candidato al doctorado en Filosofía en el Centro Sèvres de Paris.

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Dos jesuitas son asesinados en Rusia


Se ha hecho público el asesinato de dos compañeros jesuitas en Moscú: el P. Otto Mesmer, superior regional de Rusia, y el P. Víctor Betancourt, profesor de Teología. Los cuerpos fueron encontrados sin vida en la comunidad jesuita de la calle Petrovka, por un jesuita ruso que extrañó la ausencia de los compañeros en sus apostolados.

El P. Mesmer era ruso de nacionalidad y tenía 47 años. Nació el 14 de julio de 1961 en Kazakhstan, en el seno de una familia profundamente católica de origen alemán. Entró en la Compañía en 1982, fue ordenado sacerdote en 1988 y emitió sus últimos votos el 2001. Desde el 2002 era el Superior de la Región independiente Rusa de la Compañía de Jesús. Dos hermanos jesuitas de Otto son Mons. Nicolás, obispo de Bishkek, en Kyrgyzstan, y Hieronymus, que pertenece a la Provincia de Alemania.

El P. Betancourt era ecuatoriano y tenía 42 años. Nació el 7 de julio de 1966 en Guayaquil. Entró en la Compañía en 1984 y fue ordenado sacerdote el 31 de julio de 1997 en Quito. Hizo sus estudios en Argentina, Ecuador, Alemania e Italia. En Roma defendió su tesis de doctorado en Teología el año 2004. Desde el año 2001 formaba parte de la Región Rusa. Ha trabajado en pastoral vocacional y últimamente era Profesor de Teología en el Instituto Santo Tomás de Moscú.

Nos unimos a la oración de toda la Compañía, en acción de gracias por la vida de estos compañeros que encontraron la muerte en el cumplimiento de nuestra misión.

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Dos barcos que sueñan despiertos


Tras la elección del nuevo Padre General de los jesuitas, Adolfo Nicolás, son muchos los documentos, entrevistas y artículos que nos muestran su estilo y forma de pensar. Uno de aquellos textos, realmente inspiradores, nos recuerda una acción que pocas veces la tomamos en cuenta de forma directa, pero nos acompaña noche y día, y más aún, es lo que nos hace seguir caminando, seguir mirando el futuro con esperanza. Nos recuerda el Padre Nicolás: “Hoy en día hay muchos grupos e intereses que venden sueños. Son vendedores de sueños. Pero ellos venden sueños cortos, sueños pequeños. Pienso que tenemos que recuperar la capacidad de soñar en grande. Soñar sueños que no se venden.... Estos son los sueños que necesitamos. ¿En que podemos contribuir para este mundo? ¿Como realizar estos sueños? La vida religiosa, la vida de jesuita, no va a ser fácil, así cómo no es fácil responder a un gran desafío. Hay que darnos cuenta que la única seguridad es la esperanza”. A la luz de esta reflexión podemos mirar también el trabajo de pastoral juvenil y vocacional. Nos invita a hablar desde dentro, con sinceridad, poniendo bajo una misma balanza optimismo e inexperiencia, realismo y expectativas, sabiendo que en definitiva “nuestra única seguridad es la esperanza”.

Cuando la temporada no es buena y pensamos que Dios está dormido (Cfr. Mt. 8, 23-27), a veces seguimos el ejemplo de desánimo de los discípulos en la barca. Sin embargo, la voz del Señor no se hace esperar en ese mismo mar en el que se navega a diario: ¡Remar mar adentro! (Lc. 5, 4). Remar más allá de donde nos encontramos y, si es el caso, re-enrumbar el camino teniendo como referente al mismo Jesús. Buscar aires frescos, renovados, que dejen respirar a los tripulantes para que otros quieran continuar el viaje. Las orillas juveniles están gastadas, llenas de superficialidad, no hay deseo de navegar porque no se sabe a dónde llegar, las expectativas juveniles en la sociedad de hoy se ahogan. Remar mar adentro significa ir a lo más hondo del mismo joven, acompañar y estar a su lado. Remar mar adentro es escucharlo para que pueda, no solamente expresar sus limitaciones, sus heridas, sino también descubrir sus dones y la posibilidad de una vida de comunión con Dios. Vivir con él el presente y escuchar sus expectativas de futuro. Remar mar adentro es no desilusionarse con las malas temporadas, sino confiar una vez más en un Dios siempre nuevo que no deja de llamar y mostrarnos el norte: Su misión, Su Reino, un presente que hace futuro, un mundo de esperanzas, un día a día que construye, una posibilidad de hacerse todo a todos.

La espiritualidad ignaciana nos permite mirar esta dinámica del Señor en los dos frentes de misión. A nivel interno, ¿Qué tenemos y qué ofrecemos en nuestro ser y hacer como compañeros de Jesús? Y por otro lado, a nivel externo ¿quiénes son los jóvenes a los que llegamos y que esperan de nuestra Compañía?

Mostrar lo que somos y queremos es mostrar nuestros sueños, aspiraciones, deseos y motivaciones. Es también ser transparentes con nuestros límites, incapacidades e incoherencias. Sin embargo, hoy en día no basta con mirar el mundo y su realismo, hay que “mirar el lado bueno del mundo” –y por ende, de nosotros. Es eso lo que necesitamos mostrar. Si queremos seguir remando, renovando y proponiendo, necesitamos mostrar los frutos que Dios pone en nosotros. Necesitamos dar razón de nuestro ser compañeros de Jesús, de compartir lo que nos ilusiona y nos llena el día a día.


Mostrar lo que somos significa re-enrumbar lo que vamos haciendo. La novedad de navegar pasa por tener una propuesta clara, inspiradora y compartida de pastoral juvenil y vocacional. Un plan de gestión capaz de ser alimentado y evaluado constantemente. Una propuesta planificada e integral, que convierta las intuiciones en acciones y éstas en procesos. Así, todo lo que se proponga al respecto hace que naveguemos juntos. Nuevos vientos están soplando en la Compañía Universal -la gracia de un nuevo Padre General, la convicción renovada de lo que se ha trabajando en la CG 35-, y es una buena oportunidad para abrir las ventanas de nuestras vidas, comunidades y obras a esta realidad. Es algo que la situación de hoy nos exige.
Queremos hablar de la novedad de forma y de fondo de un mismo mensaje, el Evangelio, y una misma misión, la de Jesús. Pensemos en cambiar discursos y formas de actuar en un mundo que cambia en su actuar. Las formas y los métodos parten de la libertad del corazón, agradeciendo por todo lo que se vivió y la pasión con que salió adelante por ejemplo, la opción preferencial por los pobres. Hoy ese mismo espíritu de la opción preferencial intrínsecamente cristiana es el mejor aliento para renovar modos, estrategias y espacios de evangelización. El Espíritu sigue soplando en la manera de idear, promover y ofrecer espacios a los jóvenes de hoy, para que puedan a través de la opción libre y el compromiso generoso, decir sí a un proyecto de vida que sea respuesta al mundo cambiante y, a veces, sin rumbo. La vida y misión en la Compañía de Jesús es una opción completamente válida para ser, justamente, “compañeros de camino en especial de los hermanos y hermanas más pobres” (Aparecida 396).

Esto es posible, si desde nuestro frente interno navegamos hacia un mismo norte. De no ser así corremos el riesgo de no escuchar la voz de los jóvenes. Dejemos que “Dios sea Dios”, que suscite vocaciones y dejemos también que use los medios que El crea necesarios. De nuestra parte, el profundo deseo de dar lo mejor de sí y afianzarlo: trabajando en equipo, ilusionándonos por lo que somos y hacemos, mostrándonos sinceros, contentos y agradecidos porque el Señor nos ha llamado a servirle; estar ubicados en una realidad cambiante, mostrar nuestra esperanza válida de un mundo mejor, y nuestra capacidad de soñar.

Empecé señalando el temor de pecar de exceso de optimismo y realidad, pero cuando uno sueña la mente y el corazón siguen un rumbo que ellos mismos desean sin saberlo. Por eso, quizás sea válido transformar algunos sueños en preguntas para que podamos reflexionar desde aquí en torno a lo que todos deseamos: que este barco inspirado por Dios siga navegando en el mar de la vida, siguiendo el destino al que Jesús nos llama. ¿Ayudamos a soñar a los jóvenes a quienes llegamos?, ¿Somos receptores generosos de los sueños y esperanzas de esos mismos jóvenes?

Jesús es nuestro principio y referente, nos apasiona seguirlo, como a Ignacio cuando leía su vida y la vida de santos que hacen historia. Que miremos su rostro y renovemos nuestra misión con el mismo espíritu renovador de Ignacio de Loyola y sus primeros compañeros, aquellos que hace varios siglos decidieron fundar la Compañía de Jesús.

Juan Bytton, S.J. (Lima). Licenciado en Economía. Hace el Magisterio en la Pastoral Juvenil y la Promoción Vocacional.

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Fiesta en Cangallo


El pasado sábado 25 de octubre la Parroquia de Cangallo se vistió de fiesta, con motivo de la celebración de las Confirmaciones de los jóvenes y adultos de toda esta amplia zona pastoral. Para oficiar la ceremonia principal, que se realizó en la plaza principal de Pampa Cangallo, llegó desde Huamanga el obispo auxiliar de Ayacucho, Mons. Gabino Miranda. Entre los confirmados hubo personas de distintas procedencias de esta extensa parroquia: Chuschi, Pomabamba, Incaraccay, Pampa Cangallo y Cangallo. La ceremonia fue concelebrada por los padres Emilio Martínez S.J. (párroco de Cangallo) y Polinario Tanta S.J., y asistida por cuatro acólitos: un seminarista de la diócesis de Lurín, dos novicios jesuitas: Tito García y Christiam Núñez, y el estudiante Adolfo Domínguez.

El obispo auxiliar Gabino Miranda captó de manera muy especial la atención del público, no sólo habló en quechua en distintos momentos de la celebración, sino que también compartió con el público algunos pasajes de su propia historia vocacional. Luego de la misa, hubo un almuerzo especial en distintos espacios de la Iglesia de Pampa Cangallo y en el Centro de Catequistas (que se encuentra a un costado). Todos los comensales disfrutaron de los deliciosos platos que fueron preparados por cada una de las distintas comunidades congregadas.


Una vez finalizado el almuerzo se dio inicio a una “tarde artística”, en la que los distintos jóvenes de las comunidades de la Parroquia presentaron números de canto, danza y teatro. Los números artísticos presentados deleitaron a propios y extraños, e incluso, uno de ellos (el baile preparado por los jóvenes de Chuschi, acaso el más vistoso de todos) fue ofrecido a los “señores novicios” que se ubicaban en el tabladillo principal, observando muy atentos todo el despliegue de talentos.

Ciertamente, este fue un día muy especial para la Parroquia de Cangallo. Y finalizó con un baile típico de la zona en la que nos involucramos: los jóvenes de la parroquia, distintos feligreses, las religiosas que trabajan en Pampa Cangallo (Hermanas de los Pobres Siervas del Sagrado Corazón) y los jesuitas que estuvimos en esta celebración.

Adolfo Domínguez, S.J. (hace el Magisterio en Ayacucho).


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Jesuitas ecuatorianos en el Perú

A propósito de la reciente visita del P. Federico Sanfeliú, Provincial del Ecuador, compartimos esta fotografía, de los estudiantes jesuitas que desarrollan parte de su formación intelectual en el Perú.

Felipe Guzmán(Filosofía, UARM), P. Sanfeliú, Francisco Nivela (Pedagogía, PUCP), Daniel Obando (Humanidades, UARM), y Carlos Angulo (Pedagogía, U. Cayetano Heredia). Foto de Víctor Atausupa SJ.

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Al Perú, con mucho gusto

En francés hay una expresión de larga data que hace referencia al Perú. “C’est pas le Pérou”, que se puede traducir como: “Esto no es el Perú”. Según nos han explicado alude a algo que es difícil de alcanzar. Quizá con la idea que en el fondo se hacen los franceses del Perú, es decir de un lugar lejano y al que es difícil de acceder. Sin embargo, hay mucha gente de Francia y de distintas partes del mundo que decide cruzar el gran charco para llegar hasta la tierra de los Incas, no solo para visitar Macchu Picchu y probar el pisco peruano, sino para ayudar, para dar una mano en el servicio a los más necesitados. Algunos parten a tierras peruanas con algo más que una mochila en los hombros, con muchos sueños y deseos de encontrarse con una realidad nueva, y motivados por colaborar en el desarrollo de un país que lucha desde hace mucho tiempo por mejorar el nivel de vida de los más pobres.


Aquí les presentamos tres ejemplos distintos de algunos jóvenes franceses para los que el Perú se ha convertido en una nueva casa, ya sea por una temporada larga de trabajo social, o como un lugar de paso como parte de una visita más amplia por tierras sudamericanas. Sus nombres y lo que hacen lo encontrarán en los blogs que han publicado para compartir con el mundo lo que van viviendo en el Perú, al que decidieron ir, como dice el logo de PromPerú, “con mucho gusto”. (Un pequeño detalle es que los blogs están escritos en francés, quizás una buena ocasión para aprender un nuevo idioma!!!).

Haciendo voluntariado con los jesuitas en Cangallo, Ayacucho
http://encooperation.uniterre.com/

Haciendo voluntariado con los jesuitas en Piura
http://carolineauperou.over-blog.com/

Siguiendo el recorrido del Che Guevara por una causa benéfica
http://defiducoeur2008.blogspot.com/



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Iglesia Católica: necesitamos un compromiso nacional contra la corrupción


Las palabras de Monseñor Pedro Barreto S.J. a propósito de nuestro difícil contexto político y económico:


SI, AL DESARROLLO HUMANO INTEGRAL
NO, A LA VIOLENCIA Y A LA CORRUPCIÓN


En mi calidad de Arzobispo de Huancayo y Presidente de la Comisión Episcopal de Acción Social (CEAS), deseo compartir estas reflexiones sobre los últimos acontecimientos que han conmovido a la opinión pública nacional e internacional.

1. Lamentamos el indignante asesinato de quince miembros de nuestras Fuerzas Armadas y de dos civiles por parte de narcoterroristas ocurrido el día jueves 9 de octubre en el distrito de Tintay Punco, Huancavelica, emboscada en la cual resultaron heridos también dos civiles (entre ellos un niño de sólo cinco años) y catorce miembros de las Fuerzas Armadas del país (de los cuales tres están muy graves). También otros dos miembros del Ejército que fueron asesinados en Vizcatán, en la Provincia de Huanta, Ayacucho.

2. Ante esta dolorosa realidad reafirmamos nuestra convicción: La vida es sagrada. “Es un regalo gratuito de Dios, don y tarea que debemos cuidar desde su concepción, en todas sus etapas, y hasta la muerte natural. (Aparecida, 464-467)
3. Nos solidarizamos con las personas heridas, con los familiares de heridos y fallecidos en este atentado a la dignidad humana de hijos de Dios y hermanos nuestros. Estos hechos no pueden, ni deben repetirse, menos quedar impunes. Por eso la necesidad de garantizar la seguridad de toda persona dentro del pleno respeto de los derechos humanos.

4. Estos hechos luctuosos ocurren en el contexto de una profunda crisis financiera internacional que amenaza con afectar las economías del continente, y por otro la indignante corrupción con motivo de la concesión de lotes petroleros, con penosas consecuencias para todos los peruanos, especialmente para los pobres.

5. Estos actos de corrupción generaron una crisis política que entre otras consecuencias propició el cambio del gabinete ministerial. Esperamos que esta decisión política ayude a consolidar una cultura de la honestidad y transparencia y profundice el proceso democrático en nuestra patria.

6. Por eso compartimos la preocupación de las repercusiones de la crisis financiera y que el impacto de las mismas no afecten más las economías y condiciones de vida de las poblaciones empobrecidas y excluidas. En ese sentido nos preocupan los recortes en el valor real del presupuesto público del país, en especial de los rubros de gasto social dados los elevados niveles de pobreza y desigualdad social.

7. Reconocemos que “El orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política y no de la Iglesia. Pero la Iglesia no puede ni debe quedar al margen de la lucha por la justicia” (Aparecida 423).

8. La lucha frontal y decidida contra la pobreza, la exclusión social, el narcotráfico, la violencia y la injusticia no tendrá éxito mientras se conviva pasiva e impunemente con la corrupción en el ejercicio de la función pública o privada o en la interacción entre ambas. No olvidemos que la corrupción es un fenómeno que no conoce límites políticos ni geográficos y que siempre sus costos recaen sobre los ciudadanos, especialmente sobre los pobres.

9. La corrupción política, según el Compendio de la doctrina social de la Iglesia, «compromete el correcto funcionamiento del Estado, influyendo negativamente en la relación entre gobernantes y gobernados; introduce una creciente desconfianza respecto a las instituciones públicas, causando un progresivo menosprecio de los ciudadanos por la política y sus representantes, con el consiguiente debilitamiento de las instituciones» (n. 411).

10. Necesitamos un auténtico compromiso nacional en la lucha contra la corrupción. Para ello es necesario que las responsabilidades de los hechos ilícitos salgan a la luz, que los culpables sean castigados con formas reparadoras de un comportamiento socialmente responsable. Por eso es urgente un esfuerzo denodado por introducir la ética en la política, en la economía y en todo nivel, como el camino para un auténtico desarrollo integral y sostenible.

11. Rogamos al Señor de los Milagros en este propicio mes de octubre y a María Santísima, Madre de Jesucristo y de la Iglesia, nos ayuden a continuar con los esfuerzos por construir un país democrático, ético, en perspectiva de un auténtico desarrollo humano integral compatible con el cuidado de los bienes de la creación, reafirmando caminos de paz y reconciliación.

12. Como muy bien nos lo han recordado el Papa Benedicto XVI y nuestros Obispos de América latina: “… la Iglesia está convocada a ser abogada de la justicia y defensora de los pobres ante intolerables desigualdades sociales y económicas, que claman al cielo”. (Aparecida 395). Por eso “nos comprometemos a trabajar para que nuestra Iglesia Latinoamericana y Caribeña siga siendo, con mayor ahínco, compañera de camino de nuestros hermanos más pobres, incluso hasta el martirio”. (Aparecida 396)

Huancayo, 17 de octubre de 2008.
Monseñor Pedro Ricardo Barreto Jimeno, S.J.
Arzobispo de Huancayo y Presidente de CEAS.

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Publicidad y Biblia: ¿una buena pareja?

¿Es posible hablar de una relación fecunda entre la publicidad moderna y la Biblia? ¿Cuáles podrían ser las virtudes y los riesgos de este encuentro? Presentamos el artículo de la teóloga M. Junkal Guevara Llaguno, publicado recientemente por la revista jesuita "Mirada Global":

... "A la vista de todo esto, podíamos situarnos en una visión pesimista de la relación Biblia–publicidad y, sin embargo, nos atrevemos a decir que el tándem Biblia publicidad puede resultar fecundo: el uso de las tradiciones bíblicas en la publicidad supone, de entrada, una difusión de las mismas, una posibilidad de mantenerlas en el imaginario social y eso puede aprovecharse pastoralmente, por ejemplo."


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Crisis financiera: ¿qué diría hoy Jesús?

«Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios». Pocas palabras de Jesús habrán sido tan citadas como éstas. Y ninguna, tal vez, más distorsionada desde intereses muy ajenos a aquel Profeta que vivió totalmente dedicado, no precisamente al Emperador sino a los olvidados, empobrecidos y excluidos por Roma.


El episodio está cargado de tensión. Los fariseos se han retirado a planear un ataque decisivo contra Jesús. Para ello envían a «unos discípulos»; no vienen ellos mismos; evitan el encuentro directo con Jesús. Ellos son defensores del orden vigente y no quieren perder su puesto privilegiado en aquella sociedad que Jesús está cuestionando de raíz.

Pero, además, los envían acompañados «por unos partidarios de Herodes» del entorno de Antipas. No faltan entre ellos terratenientes y recaudadores encargados de almacenar el grano de Galilea y enviar los tributos al César.

El elogio que hacen de Jesús es insólito en sus labios: «Sabemos que eres sincero y enseñas el camino conforme a la verdad». Todo es una trampa, pero han hablado con más verdad de lo que se imaginan. Es así. Jesús vive totalmente entregado a preparar el «camino de Dios» para que nazca una sociedad más justa.

No está al servicio del emperador de Roma; ha entrado en la dinámica del reino de Dios. No vive para desarrollar el Imperio, sino para hacer posible la justicia de Dios entre sus hijos e hijas. Cuando le preguntan si «es lícito pagar impuesto al César o no», su respuesta es rotunda: «Pagad al Cesar lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios».

Jesús no está pensando en Dios y el César como dos poderes que pueden exigir cada uno sus derechos a sus súbditos. Como judío fiel, sabe que a Dios le pertenece «la tierra y todo lo que contiene, el orbe y todos sus habitantes» (salmo 24). ¿Qué le puede pertenecer al César, que no sea de Dios? Sólo su dinero injusto.

Si alguien vive enredado en el sistema del César, que cumpla sus «obligaciones», pero si entra en la dinámica del reino de Dios ha de saber que los pobres le pertenecen sólo a Dios, son sus hijos predilectos. Nadie ha de abusar de ellos. Esto es lo que Jesús enseña «conforme a la verdad».

Sus seguidores nos hemos de resistir a que nadie, cerca o lejos de nosotros, sea sacrificado a ningún poder político, económico, religioso ni eclesiástico. Los humillados por los poderosos son de Dios. De nadie más. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


"SON DE DIOS, DE NADIE MÁS"
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA)
http://eclesalia.blogia.com/

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¿A qué llamamos cine religioso?


Cuando una película se nos ofrece bajo la denominación de “película religiosa” no resulta fácil determinar en qué sentido se ha conferido al film tan elevado apelativo. Con frecuencia vendrá a nuestra memoria el recuerdo de las célebres producciones emitidas por la televisión durante las principales festividades del catolicismo. Ante la imagen de Moisés levantando las tablas de la ley o ante el relato de los milagros ocurridos en la noche de navidad no quedará ninguna duda, aquellas eran películas religiosas. Pero quizá algunos amantes del cine recordarán también las veces en que un film, más bien “profano”, les comunicó una sensación de misticismo que no podrían dejar de ligar con la dimensión religiosa del ser humano; entonces, el imaginario fílmico de lo religioso descubre una gran diversidad de expresiones cinematográficas. Es a partir de esta realidad que ofrecemos la siguiente reflexión, como un primer acercamiento a la pregunta por la naturaleza del cine religioso.

Por principio debemos decir que, en el contexto del cristianismo, la afirmación de un cine religioso supone el convencimiento de que el cine posee la capacidad de transportar al ser humano a un universo estético donde puede vislumbrar lo Trascendente. Desde esta perspectiva, la creación cinematográfica, como el conjunto de las artes clásicas, ha dado cuenta con profusión de este proceso de comunicación espiritual. Si bien las motivaciones iniciales del cine, a diferencia de la pintura, la escultura y la música, no estuvieron directamente relacionadas con el imaginario religioso de los precursores de estas artes, pronto la historia del cine incorporó una apreciable cantidad de películas vinculadas a diversos aspectos, interpretaciones y expresiones de lo espiritual. Hoy la industria cinematográfica, en correlación con el giro secular de Occidente, no invierte grandes recursos en producciones de temática religiosa, salvo que la visión teológica de los productores coincida con las apetencias religiosas del gran público -como es el caso de La Pasión de Mel Gibson (2004)- y el éxito comercial quede asegurado. Sin embargo, podríamos decir que la retórica de muchas películas contemporáneas, al incorporar elementos o temáticas religiosas, parecería encarnar todavía la apertura del cine a la dimensión espiritual

Ante la gran diversidad de producciones, que con mayor o menor justicia son reconocidas como películas religiosas, creemos que es necesario hacer una distinción básica, entre las películas que presentan elementos religiosos y las películas que despiertan en el espectador una experiencia religiosa. En el primer caso, tenemos a un cúmulo de películas con relatos ligados a contenidos religiosos, es decir, a temáticas como la práctica cotidiana de un credo o las expresiones espirituales que suscitan algunas situaciones humanas. En el segundo caso, tenemos a un grupo más pequeño de películas, que sobre la base del relato religioso y gracias a la capacidad expresiva del cine, tienen la virtud de trascender su literalidad, para conducir al espectador por un proceso que lo sitúa ante la percepción de lo divino, cuestionándolo y llevándolo a experimentar, en distintos niveles, la pregunta personal por la fe.


Las películas del primer grupo son aquellas frecuentemente reconocidas como religiosas solo en función de su temática, donde la narración de historias de fe se apoya únicamente en un lenguaje religioso institucionalizado y en formas fílmicas convencionales. Creemos que este tipo de producciones, no por el hecho de presentar un lenguaje y una temática confesional encarnan necesariamente una experiencia religiosa. A partir de la experiencia del hombre postmoderno, estamos persuadidos de que la originalidad de una película religiosa está más centrada en la comunicación de la pregunta existencial por lo Trascendente, que en la exposición didáctica de la fe, que tiende a otorgar al espectador un rol más pasivo, sin interpelar sus opciones vitales. En este sentido, al evaluar las formas convencionales de la cinematografía religiosa, el francés Henri Agel ha señalado que este tipo de films, al caer con frecuencia en “el sentimentalismo, la anécdota o el didactismo”, evidencian la falta de “una línea de fuerza o un estilo”, que los lleve a la plenitud2. Su escasa capacidad simbólica repercute normalmente en la ausencia de una verdadera significación religiosa.

Poniendo de relieve la naturaleza expresiva del cine, optamos por una comprensión del cine religioso ligada a nuestro segundo grupo de películas, a las que, para distinguirlas, calificamos como “películas trascendentales”3. Así como en la pintura y en la música no es suficiente graficar un símbolo religioso o entonar un vocablo evangélico para comunicar la fe, creemos que tampoco en el cine es suficiente la exposición didáctica de una temática religiosa. De ahí que los films trascendentales, sobre la base de la forma estética y narrativa, tengan la capacidad de plantear la pregunta religiosa al espectador, en un auténtico proceso de comunicación espiritual, a la manera en que lo han logrado en la historia del arte la pintura de El Greco o la música de Bach, obras verdaderamente comprometidas con la fe del receptor más allá de su filiación religiosa. En esta línea, Agel asocia el cine religioso con la capacidad de ciertas películas para disponer adecuadamente de sus recursos, de tal manera que logran convertirse en “una especie de oficio o celebración” de lo sagrado. La trascendentalidad para Agel siempre se ha dado “en tanto en cuanto una película ha sabido elegir su línea espiritual, su estructuración, sus líneas de fuerza plástica y sinfónica, su clima4. El cine y en general toda obra que quiera expresar valores trascendentales requiere de un cuidado apropiado de la forma, de un estilo que dialogue existencialmente con el espectador.


Creemos que esta visión del cine trascendental amplía el horizonte de lo religioso en el cine contemporáneo. Así, podemos identificar, normalmente en el medio “alternativo” y algunas veces también en el corazón de Hollywood, producciones de evidentes valoraciones trascendentales. Ejemplos de ello son Carros de fuego de Hugo Hudson (1981), El festín de Babette de Gabriel Axel (1987), El cielo sobre Berlín de Wim Wenders (1987), Los puentes de Madison de Clint Eastwood (1995), Rompiendo las Olas de Lars von Trier (1996) o Luz silenciosa de Carlos Reygadas (2007), por mencionar films relativamente recientes, nacidos en diferentes contextos de producción. Se trata de películas con temáticas profundamente humanas y con elementos religiosos marcados, pero que, sobre todo, posibilitan en el espectador la experiencia perceptiva del misterio de lo Trascendente.

Ciertamente, no son las películas más taquilleras, por las condiciones creativas que puede suponer su estilo, pero también por las condiciones de producción de la gran industria cinematográfica, que en opinión del teórico José Jiménez han estandarizado los estereotipos sociales, la sobre valoración de lo espectacular y el glamour, y en esa medida han vuelto enormes los esfuerzos por financiar el cine “alternativo” . De hecho, este no es un escenario nuevo para nuestro cine, los grandes maestros del cine trascendental como Robert Bresson y Carl Theodor Dreyer pasaron por similares dificultades para producir sus obras.

Ante un gran público ávido de entretenimiento y afirmación de sus convicciones e intereses fundamentales, la cinematografía de masas no parece sintonizar con producciones marcadas por valoraciones trascendentales, que lejos de mantener el círculo positivo de todo aquello con lo que el espectador se identifica, le convierten en espectador activo, le interpelan y le despiertan preguntas, como la que interroga por el propio sentido en la vida, por la fe. Como el cine de Bresson y Dreyer, creemos que el cine auténticamente religioso es dinámico como la misma experiencia de fe, que a la vez que conmueve y sublima, confronta, desestabiliza e interpela a aquel que con generosidad se ha dispuesto a vivir la experiencia de su percepción.

1. La película Christus (1916), de Giulio Cesare Antamoro, es considerada como la primera producción importante de temática religiosa.
2. AGEL, Henri, El cine y lo sagrado, Ediciones RIALP, Madrid, 1960, p. 94.
3. En referencia a la teminología del libro: SCHRADER, Paul, El estilo Trascendental, Ediciones JC Clementine, Madrid, 1999.
4. AGEL: p. 26.


Deyvi Astudillo, S.J. (Chimbote). Licenciado en Comunicación Audiovisual. Estudia teología en el Centro Sèvres de Paris.



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El Cristo de Pachacamilla y el arte


El Señor de los milagros ha vuelto a las calles de Lima. En el siguiente video podemos acercarnos a la historia de esta devoción tan arraigada entre los peruanos, así como a su impacto en la obra de nuestros principales pintores:



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Los coloquios de un cardenal

En su nuevo libro Martini reflexiona sobre las preguntas que se hacen los jóvenes hoy en día

La Editorial San Pablo ha puesto a la venta la traducción española del libro del Cardenal Martini y el P. Georg Sporschill S.J., Coloquios Nocturnos en Jerusalén, originalmente publicado en Alemania por la Editorial Herder. El libro nació de las conversaciones entre los dos autores. El P. Sporschill, jesuita austríaco, trabajó con jóvenes drogadictos y con muchachos de la calle en Rumanía y Moldavia.

En sus conversaciones, los dos jesuitas se preguntaban qué futuro les espera en la Iglesia a los jóvenes, qué luces se presentan en el horizonte y cómo podría la Iglesia presentar el Evangelio de un modo más atractivo y eficiente. El Cardenal Martini escribe en el prefacio: "este pequeño libro ha nacido de coloquios nocturnos en Jerusalén. Lo más importante son las preguntas de los jóvenes. ¿Habrá en ellos todavía interés en criticarnos, en criticar a la Iglesia, a los gobernantes, al orden establecido? ¿O quizás prefieren alejarse en silencio? Estoy convencido de una cosa: donde hay conflictos, el fuego está encendido, el Espíritu de Dios está actuando. Eso he experimentado en los encuentros con los jóvenes".
(tomado de la CPAL)

"El cardenal que se atreve a pensar" es el nombre del interesante reportaje publicado por el diario El País a propósito del libro de Martini.

"Dos Nicodemos", comentario del P. Enrique Rodríguez, párroco de San Pedro de Lima.



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