Los últimos votos de los jesuitas

Votos de Pedro Oblitas, S.J.

En estas últimas semanas tres compañeros peruanos: Edwin Vásquez, Pedro Oblitas y Alfredo Ruska, han pronunciado sus Últimos Votos. Ellos han concluido sus estudios y luego de ser ordenados sacerdotes se han ido integrando a diversas labores apostólicas. Ahora les llegó el momento de integrarse definitivamente a la Compañía de Jesús, dispuestos a vivir la misión en cada una de las tareas que les han sido encomendadas. Pero ¿a qué llamamos "votos" en la vida del jesuita?

La historia de la vida religiosa, que se inició en los primeros siglos del cristianismo, está marcada por los votos -en el sentido de "promesas" y "ofrendas"- que se pronuncian en algún momento del período que sigue cada congregación u orden religiosa. Toda persona que opta por la vida religiosa en la Iglesia Católica pronuncia al final de su Noviciado (la primera etapa de formación espiritual) tres votos: pobreza, castidad y obediencia. Estos votos son los que convierten a una persona en religioso, según el derecho canónico de la Iglesia. Los jesuitas, como todas las demás familias religiosas en la Iglesia, pronuncian estos tres votos al final del Noviciado que dura dos años. Pero en la dinámica de la Compañía de Jesús, éste es todavía el inicio del camino.

Votos de Alfredo Ruska, S.J.

La integración plena y definitiva al cuerpo de la Compañía se hace mucho más adelante, después de la ordenación sacerdotal para aquellos que como jesuitas han optado por ser sacerdotes (otra posibilidad es ser hermano). Ignacio de Loyola concibió la Compañía de Jesús como un cuerpo que se va integrando poco a poco. Después de terminada la formación, los jesuitas son invitados a hacer la “Tercera Probación”, una época que les permite volver a las raíces de su vocación, el tiempo necesario para hacer los Ejercicios Espirituales durante un mes (como lo hacen todos los jesuitas durante el Noviciado), para leer los textos fundadores de la tradición jesuita, y para hacer una relectura de todo el tiempo vivido.

Solo después de haber pasado por la Tercera Probación, los jesuitas son invitados a pronunciar los “Últimos Votos”. ¿Acaso eso significa que los votos hechos años atrás no valen? No, no se trata de eso. Esta es la confirmación definitiva y la integración definitiva al cuerpo de la Compañía de Jesús. En los primeros votos, los jesuitas, expresan su deseo de vivir y morir al interior de la Compañía de Jesús. Estos votos son perpetuos, para siempre. Pero es al final de la formación, cuando se han terminado con todos los estudios necesarios y el sujeto está listo para integrarse de manera plena y definitiva en la misión que él puede pronunciar sus Últimos Votos.

Votos de Edwin Vásquez, S.J.

Es en este momento en el que los Jesuitas pueden ser invitados a pronunciar el cuarto voto de obediencia al Papa. El cuarto voto es todo un tema de conversación entre aquellos que conocen mucho o poco de los jesuitas. ¿Por qué un cuarto voto? ¿Por qué al Papa? Ignacio decidió añadir un voto especial de obediencia al Papa en cuestiones de misión. Para Ignacio de Loyola es importante enfatizar que los Jesuitas están al servicio de la misión de la Iglesia. La Compañía de Jesús no está al margen de la Iglesia, está integrada en ella y dispuesta a ir allá donde el Papa, representante de la Iglesia, decida qué es lo más conveniente para transmitir la Buena Nueva del mensaje de Jesús.

Leer más

¿Estamos en el Perú de Donayre, Bayly y Magaly Medina?

La entronización nacional de la criollada y sus síntomas, tercera -y última- parte.


La performance del General Donayre al despedirse de su cargo, nos da algunas pistas que podemos observar de modo similar, en otras escenas de la vida política, social o “cultural” de nuestro país.

Antes que nada saltan a la vista el síntoma más evidente: el autoritarismo del caudillo militar. Anexo a este, el machismo. Desafortunadamente, en un país latinoamericano de larga tradición militarista como el nuestro, nos hemos habituado a este tipo de actitudes patanescas como si fuesen parte del ejercicio normal de un rol social. Pero el machismo de Donayre se escenificó además mediante un despliegue de actitudes que pretendían manifestarse como una “energía viril” antes de ser entendidos como violencia (momentos antes el General casi había prorrumpido en sollozos). Esto me lleva a pensar que fue más bien su interdicto superyoico el que no le permitió aparecer “débil”. Como resultado, Donayre nos dio una real prueba de que en su inconsciente la noción de ley está asociada a la violencia.

Cuántas veces hemos visto en nuestro panorama político que la idea de ley de los personajes públicos se asocia a la violencia. Cuántos parlamentarios, cuántos gobernantes de toda índole han recurrido o han manifestado simpatías con medidas autoritarias y violentas. Eso ya lo sabemos. Pero a mí lo que más me ha sorprendido de estas escenificaciones públicas del poder es el cinismo que aparece ante el aparente beneplácito de los asistentes (es sintomático que Donayre haya sido cargado en hombros luego de su discurso autoritario).

El cinismo, según la Real Academia de la lengua, es la “desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables”. La pérdida de vergüenza cuando se está mintiendo o luego de haber ejercido acciones dignas de censura. Ahora bien, el cínico, ¿se sabe cínico? ¿Existe algo así como una “conciencia cínica”? El tema de la moral no es precisamente la materia de mi trabajo actual, dejo esa tarea a los especialistas. No obstante, creo que el General Donayre, como Magaly Medina, Rómulo León o Gustavo Espinoza –a quien se le sindica responsable en el envío del video del general Donayre a 50 parlamentarios chilenos- y tantos otros, tienen una visión trastocada de lo que es lo correcto, lo justo, lo admisible, en la vida social, en la vida pública.

Sin embargo, más que la violencia autoritaria o el machismo criollo del General lo que me sorprende es su ceguera para reconocer que lo que hizo -en el mejor de los casos- fue una gran torpeza. Digo “en el mejor de los casos” porque en realidad no creo que podamos llamar torpeza a una serie de afirmaciones que se deslizan con ligereza en torno a la dignidad de los semejantes so pretexto de una idea de “nacionalidad” y “patriotismo” que a mi juicio, ya es trasnochada.

Pero Donayre no es sólo el centro de mi asombro. El no estaría siendo más que una punta del iceberg. En las declaraciones que el General hizo días después de ventilado el tristemente célebre video aseguró que lo que él había dicho: "expresaba lo que siente todo soldado que ama a la patria". Si lo que dice es cierto (y me temo que llegue a serlo) estamos una vez más ante un caso en el que ante nuestros ojos, de manera escalofriante, una voz colectiva nos está enunciando una disfunción de toda nuestra sociedad: “no hay « nada malo » en burlarse de la vida de los semejantes”. Decir que los « enemigos » pueden ser colocados en bolsas de plástico de basura (lo cual evoca además la serie de atropellos y matanzas vividas en la época del terror) no es algo que merezca la reprobación de nadie, porque refleja un « acto de patriotismo ». Para el General, opinar lo contrario y denunciar estas declaraciones como inapropiadas, es atentar contra este « sentimiento patrio ». Mundo al revés.

¿Por qué el General y muchos de los peruanos no pueden ver que este tipo de actitudes autoritarias y este modo de hablar ligeramente del respeto por la vida no son normales? ¿Qué mecanismos producen esta vivencia de los hechos que permanece más bien en la “negación” de su lado oscuro impidiendo ver la gravedad de un cinismo amoral? Lo que sucede con nuestro personaje militar, sucede además en muchos otros escenarios -que bien valdrá la pena seguir analizando. Sucede con la voz seudo-moralizante de Magaly, que es apoyada de manera casi abrumadora por un gran sector de televidentes -y que según recientes encuestas, no ha perdido nada de credibilidad en su audiencia-. Sucede con los comentarios de Jaime Bayly sobre su propia persona, en la que la ambigüedad sobre todo tipo de valores se convierte en centro de burla y menosprecio con una teatralización con la que cree protegerse de todo juicio -precisamente- de valor.

Creo que estamos en un momento de nuestra historia en el que aquel adagio de los corredores de la burocracia colonial, “la ley se acata pero no se cumple” -y que sirvieron en su momento para saltearse complicados procesos venidos de la metrópoli y para escamotear quizá injusticias o dificultades en la vida legal de nuestros antepasados-, ha terminado por salir de sus reductos netamente criollos, para convertirse en un síndrome que caracteriza a lo peruano. La criollada ya no es sólo un síntoma de un sector costeño, blanco-mestizo. Tampoco ya es una simple finta para saltearse dificultades o una manera hasta cómica de pasarse en alto las reglamentaciones. La criollada se ha vuelto prácticamente un rasgo propio de los peruanos; y lo terrible es que nos estamos acostumbrando a vivir en un medio ambiente en el que la ley se asume como un principio relativo. Relativo en la medida en que se asume de manera subjetiva, individual y en función de los intereses individuales o de un colectivo poniendo en lugar secundario, al conjunto de la sociedad civil.

Cuando el General Donayre está persuadido de que ha dicho algo que miles dirían; cuando Rómulo León hace un guiño al público apelando a su complicidad, ya que todos hablamos así, o cuando Magaly está totalmente segura que tiene un rol de censor sobre la sociedad peruana ventilando vidas privadas sin hacer acto conciente del dolor y daño que causa a esas personas....y que todo esto tiene un gran respaldo a nivel nacional...quiere decir que los peruanos nos estaríamos volviendo una sociedad de cínicos amorales. La criollada ya no es sólo algo reprensible; si la “criollada” es ahora “peruanada”, es mucho más grave que reírnos de nuestros defectos con la certeza de que “no vamos a cambiar”. Cuando la frase “estamos en el Perú” ya no tiene el mismo eco del otrora “Vale un Perú” algo triste a la vez que grave se está produciendo en las mentalidades colectivas de nuestra nación y que, a nivel político deberían motivar a trazar líneas de corrección que pudiesen dirigirse a esa “transformación espiritual” de la que habló el Presidente Alan García en su discurso del 2007. No estoy muy seguro sin embargo, de que Alan García, supiese a ciencia cierta qué quería decir con ello. Lo que sí estoy seguro es que si no observamos bien el deterioro de los eventos político-socio-culturales como síntomas de una enfermedad nacional, seguiremos siendo ese mendigo sentado en un banco de oro del que hablaba Raimondi, sólo que... sin una pizca de dignidad.

Juan Dejo Bendezú, S.J. (Lima). Historiador. Candidato al doctorado en Historia de la Espiritualidad en el Centro Sèvres de Paris.

Leer más

Cuando el Barroco volvió a Andahuaylillas

Foto Caretas

Hace solo algunas semanas el pequeño pueblo de Andahuaylillas (a una hora de la ciudad imperial del Cusco) se vistió de gala. Diversas autoridades de la cultura se dieron cita en su templo para presentar el fruto de los trabajos de restauración de sus históricos órganos parroquiales, fabricados íntegramente en el Cusco colonial. La recuperación de los instrumentos, después de 200 años de estar en deshuso, fue posible gracias al apoyo del Fondo de Contravalor Perú-Francia y de la Parroquia de Andahuaylillas, representada por Luis Herrera, S.J.

Según leemos en la web de la Embajada Francesa: "La ceremonia de inauguración de estos órganos, considerados los más antiguos de América, fue un evento simbólico tanto a nivel histórico como musical. En Andahuaylillas en 1631, se halló la primera partitura polifónica impresa en suelo americano, lo que convierte a este pueblo en la cuna de la música barroca en América Latina. Además del renacimiento de esta música y su perpetuación gracias a la formación que han recibido los pobladores del lugar, grantizan el desarolo económico así como la recuperación patrimonial".

Aquí una crónica del concierto barroco ofrecido como parte de la ceremonia de entrega del órgano parroquial a la comunidad de Andahuaylillas>>>

Y una significativa muestra de aquella primera obra polifónica interpretada en este mismo templo hace algunos siglos: el himno barroco-quechua Hanaq Pacha, cantado en su lugar de origen por niños y niñas de las escuelas rurales de Huaro, Urcos y Andahuaylillas (gracias al esfuerzo de Angel Romero, de PARNASO):



Leer más

La Jornada Mundial del Migrante

La quimera de la seguridad sin libertad ni justicia


Con motivo de la celebración de la Jornada Mundial del Migrante (18 de diciembre), una reciente Declaración del apostolado social jesuita de Europa y Latinoamérica-Caribe denuncia las actuales políticas europeas de inmigración y asilo, concretamente la Directiva de Retorno y el Pacto europeo sobre la inmigración y asilo.

Según la Declaración, las políticas europeas, “priman la seguridad en detrimento de la libertad y la justicia (...) por más que proclamen el respeto a todos los instrumentos internacionales que garantizan los derechos humanos; y aunque pretenden la integración social de inmigrantes legales y refugiados, garantizando el disfrute de sus derechos y el cumplimiento de sus deberes”.

En concreto, la Declaración denuncia:

-“La regulación de la salida obligatoria y de la expulsión de migrantes en situación irregular (...) no considera las amenazas a los derechos humanos en sus países de origen, ni obliga a los Estados miembros de la UE a garantizar asistencia letrada efectiva”.

-“Los plazos fijados para el ‘retorno voluntario’ (entre 7 y 30 días) lo vuelven inviable en condiciones de seguridad jurídica (…) y permite el internamiento de migrantes en proceso de expulsión sin suficiente control judicial, y con un plazo (6 meses, prorrogables hasta 18) desproporcionado para las necesidades de identificación y aseguramiento del proceso”.

-“Las prohibiciones de reingreso (hasta 5 años) impiden (…) que la persona pida asilo en la UE por causas sobrevenidas tras su retorno al país de origen”.

-“La regulación de los retornos en frontera excluye cualquier garantía jurisdiccional y bloquea de hecho la petición de asilo”.

-“Tal como se regula la repatriación de menores de 18 años a sus países de origen (para entregarlos a sus padres o tutores, o a instituciones de acogida de menores) no garantiza el interés superior del menor”.

Como no hay margen político para modificar los términos de la Directiva de Retorno, los jesuitas expresan: “confiamos en que se pida justicia ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) para hacer prevalecer el Derecho internacional público, el Derecho Internacional de los derechos humanos y el Derecho humanitario cuando se apliquen las normas de los Estados miembros que traspongan la Directiva”. Finalmente, la Declaración invita a los países de la UE a que tomen distancia de las exigencias coyunturales del mercado de trabajo, tengan presentes las necesidades estructurales de las sociedades europeas en términos demográficos y centren su mirada en los más vulnerables y sus derechos.

Ver la Declaración completa >>>
Servicio Jesuita a los Refugiados >>>

Leer más

El paseo del General Donayre

La entronización nacional de la criollada y sus síntomas, segunda parte.

En los últimos años nos hemos acostumbrado a vivir como espectadores de la escena política creyéndonos disociados de ella. En el día a día del quehacer político en el país, parece que vivimos cada denuncia de los actos políticos corruptos como nutrientes de nuestras crónicas domésticas y cotidianas. Desde esta perspectiva de “observadores” olvidamos que participamos de muchas maneras que permanecen en el inconsciente o que relegamos al olvido; como para engrosar las filas de ese género tan nuestro al punto de haber sido consagrado por Ricardo Palma. Trazamos cada día –mediante el chisme, la “bola”, el comentario cínico, la burla, etc- un hilvanado de anécdotas dignas de las Tradiciones de Palma.

Insistiré en que el problema de este modus operandi de la conciencia política popular de la que todos participamos, nos lleva a este círculo vicioso en el que nos quedamos con los síntomas del acontecer socio-político pero en el que sobre todo la prensa, no ayuda a dar el paso siguiente: escarbar esa misma conciencia “epidérmica” para mostrar la (o las) anomalías profundas que subyacen en nuestro cuerpo social. En una metáfora evangélica, Cristo reprochaba a sus eternos detractores, los fariseos, por hacer aspavientos ante situaciones finalmente nimias, en lugar de detenerse en la violación de valores esenciales que mellaban la dignidad y libertad de los individuos. Utilizo la imagen no porque crea que haya nimiedad en las denuncias que venimos espectando desde la época de los Vladivideos. Sin embargo, algo análogo se podría estar produciendo en nuestro rol de espectadores del acontecer político: en nuestro afán “moralizador” ¿no estaremos afinando nuestros coladores para filtrar hasta el más menudo mosquito y a la vez tragándonos los camellos?

Creo que los medios de comunicación ayudarían más –si realmente son conscientes de su rol no sólo informativo, sino formativo de la opinión pública- si incentivaran en el público una observación más detenida de los hechos, sin quedarse sólo en la epidermis de las escenas socio-político-culturales. Lo ideal sería que tratasen de ir más allá, hasta detectar aquellas raíces en las que se oculta el origen de las fallas de nuestro organismo social (en este sentido, lo mismo que se hace en los tiempos de elecciones, con paneles de personas bien preparadas, creo que el análisis de los programas dizque políticos, deberían dar el salto del mero escarceo por el escándalo, a la formación de una conciencia política más elaborada en el ciudadano promedio). Quiero por ello realizar este ejercicio de manera sucinta, tratando de describir brevemente, para luego intentar detectar los problemas que nos revela uno de los más recientes eventos de nuestro mundo político.

Luego de haberse propalado el video con las deplorables opiniones del General Donayre éste siguió protagonizando una lamentable performance en nuestra vida política, con una serie de declaraciones que, a mi entender, concluyeron con broche de oro el día en que pasó al retiro. Parte del discurso dado en esa ocasión por el General fue transmitido en los medios de comunicación y resulta suficiente para analizar algunos rasgos de los que me voy a servir en este ejercicio.

El Diario “El Comercio” trató el discurso como “lleno de lugares comunes”. Es cierto. A nivel retórico, lo era. Pero la retórica no sólo es forma. También su misma forma nos está revelando algo más. En dicha retórica, se mostró, como siendo “asistido de la verdad y la justicia”; con “el corazón limpio”, la “frente en alto”. Según él no tiene nada de qué avergonzarse. En conclusión, las imágenes violentas transmitidas en el famoso video de youtube, no serían dignas de vergüenza, pues –según declaraciones anteriores-, sus palabras “expresaban lo que siente todo soldado que ama a la patria”. Dicho de otra manera, el General está totalmente persuadido de que en sus opiniones no hay nada de malo. Cuántas veces nos hemos cruzado con sujetos que, sumidos en la negación o la inconsciencia de sus actos criminales o inmorales reducen al mínimo la penalidad de sus actos, recurriendo a una primaria enunciación de su proto-conciencia: “¿pero qué tiene de malo?



Pero el asunto no queda allí. El General se presentó como víctima de los medios de comunicación. Dijo que no sólo afectaron a su institución, sino también a “mi ejército”. En claro tono paternalista, incorporó a su soldadesca de modo patriarcal y gamonalista haciendo uso de una estrategia emocional para que “sus soldados” se sumasen a la esfera de victimización que él encabezaría como “mártir inocente”. Dijo que la “pluma” (alude a la escritura periodística) “hiere el alma”. Hay algo de cierto en eso. Si tocó su alma, era porque algo le afectó. El problema es que el General, como muchos de nuestros compatriotas, no hace el adecuado salto de la emoción al análisis correcto. En consecuencia, su auto-análisis, lo dejaba limpio de toda mácula. Y su conciencia, permanece –falsamente- intachable.

Haciendo gala de una interpretación “acriollada” del espíritu evangélico, la victimización es sin embargo acompañada- de una suerte de “redención”: los golpes recibidos por la prensa lo han fortalecido. Pusieron “a prueba mi espíritu y (me) fortalecieron frente a la intolerancia, incomprensión y contrariedad”, aseguró. Más allá de la retórica inundada de una lógica cuestionable, es interesante ver que su victimización le ayuda a colocar en su “cancha” los valores de la tolerancia y la fortaleza de espíritu de su parte. Total inversión de los valores, que ayudada por la auto-victimización, busca a través de la empatía la inmediata aceptación por parte no sólo de su soldadesca, sino de cientos de peruanos que entienden –¡y he allí parte de la enfermedad!- la violencia como algo “natural” (sino, visiten los impresionantes comentarios de apoyo a la violencia del General en Youtube)

La última curva del requiebro interpretativo del General hoy en retiro, es la utilización del recurso retórico de la ironía para resaltar que son precisamente sus “victimadores” aquellos que carecen de los valores que él sí poseería. En el paroxismo de su discurso alucinado, termina con una arenga de tinte moralizador con un subido tono autoritario, de una impresionante violencia, que será –¡y he allí otro síntoma patético!- acompañada de una ovación por parte del público asistente (obviamente en esos momentos, ya todos han sido incorporados como víctimas bajo el manto protector de su líder casi mesiánico). En el clímax, el General, grita a voz en cuello con una violencia que parece haber pasado desapercibida por los medios (por ende, asumiéndola como “natural” o al menos, propia de la retórica militar) los valores que él aparentemente patrocinaría: “¡Verdad!”, “¡respeto!”, “¡tolerancia a otras formas de pensar y hacer las cosas!”. Lo que allí se escenificó fue más bien la subversión total de los valores.

Luego de esta dramatización, el General concluyó su presentación subiéndose a un caballo de paso. Esto merece un pequeño excurso. La elección de un caballo de paso por nuestro General auto-victimizado, no puede ser excluida de nuestra observación. El trote de esta especie -a mi juicio, ridículo-, ha terminado por formar parte de la estrategia de simbolización de un poder criollo de antaño venido a menos y que intenta re-significarse de distintas maneras, proporcionando más bien un conjunto de síntomas del complejo momento histórico que estamos viviendo. En ese caballo que no galopa sino que “se pasea” por haber sido atrofiado adrede, el General intentó desfilar con mucha dificultad frente a una soldadesca que prorrumpía en aplausos, emocionada. Mientras tanto, como fondo musical se oía una marcha militar acompañada de ametralladoras que daban el toque final a esta patética escenificación del autoritarismo caudillista post-criollo. Teatralización ridícula, pero rica manifestación de “síntomas” de un ¿deterioro? político.

Juan Dejo Bendezú, S.J. (Lima). Historiador. Candidato al doctorado en Historia de la Espiritualidad en el Centro Sèvres de Paris.

Caricatura tomada de www.flora-y-fauna.blogspot.com

Leer más

Adviento: aprender a esperar lo inesperado


Ya es navidad...
...y el adviento molesta

"Si el adviento es ese tiempo litúrgico en el que nos preparamos para la navidad, es lógico que lo eliminemos. No necesitamos prepararnos, ni formarnos y muchísimo menos esperar. Dedicar un tiempo a esperar (esperanza) en lugar de obtenerlo inmediatamente está fuera de lugar; las recompensas deben ser rápidas, las esperas cortas, el esfuerzo mínimo y la formación googleliana. La navidad del siglo XXI debe adecuarse a los tiempos: llegar enseguida, disfrutarse al máximo y alargarse todo lo posible aunque el único poso que deje sea la cuesta de enero. Sin adviento, va a ser difícil recuperar la navidad" (tomado de PastoralSJ).

Como hace ya varias temporadas PastoralSJ nos ofrece un especial "imperdible" sobre el tiempo litúrgico de ADVIENTO, un camino de preparación para incorporar en lo profundo el sentido de la Navidad. No dejes de darle una mirada >>>

Leer más

El quechua y Diego González Holguín, S.J.

Enlazamos el artículo de Antonio Zapata publicado en "La República", a propósito de los 400 años de la impresión del diccionario quechua-castellano de Diego González Holguín, S.J., "el más completo tratado de lingüística colonial". Ir al artículo >>>


Una mirada al diccionario >>>


Leer más

Obama, Sarkozy, García: ¿un retorno de lo religioso en la política?

Una reflexión sobre el espacio y el rol de la religión en la sociedad contemporánea

Ella se llama Martha y cada mañana cuando los estudiantes jesuitas de la rue Blomet bajan a tomar desayuno, la encuentran ya trabajando en su reino: la cocina. Pocas veces la he visto tan emocionada como el día de la elección de Barack Obama a la presidencia de los Estados Unidos. “No pude dormir y en plena madrugada me levanté para escuchar las noticias, quería saber si finalmente Obama había ganado”, decía en medio de risotadas que denotaban su alegría. Todos en casa compartían la buena noticia, pero nadie se sentía tan cercano a Obama como ella. La razón? Martha es de raza negra, ella nació en el Caribe aunque de nacionalidad francesa. Y la victoria de Obama era para ella también su propia victoria.

Martha, sin saberlo, se unía así al conglomerado de gente en el mundo entero que apoyó a Obama desde el tiempo en el que éste competía con Hillary Clinton –hoy designada por él como su Secretaria de Estado en reemplazo de Condoleezza Rice- en las elecciones primarias de los demócratas. Lo más notorio fue el apoyo de prácticamente todo Hollywood. Todavía guardo en las retinas las imágenes de la bella Scarlett Johansson en el video Yes We Can de apoyo a Obama. Otro video que dio la vuelta al mundo fue el que preparó Madonna como interlude de su última gira –que estos días se pasea por algunas ciudades de América Latina- en el que Obama aparecía junto a personajes como el Dalai Lama o la Madre Teresa, mientras que el republicano McCain aparecía al lado de personajes funestos de la historia como Hitler.

Aunque la prensa se pregunta estos días cuál será la mascota que llevará a la Casa Blanca, o si finalmente dejará de lado su Blackberry, al que es tan aficionado; y los buscadores de Internet reportan que su nombre junto al de Britney Spears son los más solicitados por los internautas, parece que la resaca causada por el triunfo de Obama se ha calmado, por lo menos de manera momentánea. Quizás la euforia mediática vuelva cuando le toque asumir el poder y finalmente, para alegría de muchos, el señor George W. Bush deje el poder. Sin embargo y más allá del resultado final de las elecciones, quisiera fijar la atención sobre un punto que sin ser decisivo fue un elemento importante durante la campaña presidencial: la influencia del elemento religioso en la política estadounidense.

Para que quienes venimos de América Latina, los Estados Unidos son sinónimo de éxito y dinero, pero además es un lugar en el que aparentemente todo es permitido –por lo menos en el imaginario del latinoamericano promedio-. Al ver los videos de sus artistas, sus películas, sus periódicos, no nos queda más que pensar que en la tierra del Tío Sam “todo vale”. Sin embargo si damos un salto al otro lado del gran charco, en la vieja Europa, nos encontramos con que la percepción que se tiene de los Estados Unidos es completamente distinta, para ellos se trata de una sociedad sumamente conservadora, especialmente con respecto al tema religioso.



En Francia viven con orgullo el hecho de que a partir de la Revolución Francesa y bajo la influencia del Siglo de las Luces, la Religión y el Estado quedaron para siempre separados. Cada uno en el sitio que le corresponde sin mezclarse con el otro. “La hija mayor de la Iglesia” era la que le daba el golpe más duro desde la época de la Reforma Luteriana. Basta visitar las grandes iglesias francesas para reconocer el paso de los “revolucionarios”, que dejaron sin cabezas a las imágenes de ángeles y santos. Es célebre el recuerdo de las nuevas fiestas religiosas que se intentaron implantar, llegando al extremo de hacer bailar a una actriz disfrazada de la “Razón” en el altar de Notre Dame de París.

Durante la campaña presidencial norteamericana, los franceses no salían de su asombro al leer en las noticias la importancia que le daban los candidatos Obama y McCain al tema religioso. Ambos candidatos reconocían en público y sin ningún tipo de reparos su adhesión al cristianismo –cosa inimaginable en Francia- comentando con soltura sus costumbres de leer la Biblia (Obama) o de asistir a la Iglesia el domingo (McCain), sin contar además que uno de los encuentros más importantes que tuvieron ambos candidatos y que sin duda influyó en el voto de los ciudadanos estadounidenses fue cuando participaron en el forum organizado por uno de los pastores evangélicos más influyentes y populares de los Estados Unidos, Rick Warren.

Pero para sorpresa de tirios y troyanos la importancia dada al tema religioso dejaba de ser un terreno exclusivo de los gringos, en la laica Francia y casi al mismo tiempo, el presidente Sarkozy acogía con todos los honores posibles al Papa Benedicto XVI (fue a recibirlo al aeropuerto) y declaraba en el Elíseo la importancia del laicisismo positivo, rescatando el papel fundamental de la religión en la formación de la sociedad. ¡Plop! Eso es lo que debieron sentir los defensores de la sociedad laica y antireligiosa. Hay quienes señalan que se trató solamente de un artilugio mediático. Quizás. Y hasta lo mismo se podría decir de Alan García en el Perú, quien ha sido el primer presidente del Perú en asistir el 28 de julio por la mañana al Te Deum en la Catedral de Lima y por la noche participar en un servicio en una iglesia evangélica. Y al más puro estilo Bush (salvando las distancias, claro) utilizando palabras del Evangelio al hablar con la prensa.

Estos tres ejemplos, en los Estados Unidos, Francia y el Perú, son acaso una muestra que la Religión está de vuelta en el terreno político y dispuesta a quedarse? Cuál es el papel de la Iglesia y de la Religión en la política? En Europa queda todavía el recuerdo del medioevo en el que la Iglesia estaba directamente vinculada con el Estado. Las Cruzadas, las Guerras de Religión, la Santa Inquisición, están asociados directamente a todo este tiempo, los tiempos gloriosos de la Cristiandad. La idea del Papa como figura de poder espiritual y temporal todavía se mantiene en el imaginario de mucha gente, y seamos justos, eso no solo en Europa. Es cierto que no podemos volver a aquellos tiempos, tiempos que deben ser leídos y entendidos además en todo su contexto histórico. Pero acaso eso significa que el único lugar para lo religioso está reservado al espacio de lo privado o que su sola expresión se debe dar a través del rito y en un lugar específico como el templo?



Mencionar el tema religioso puede causar diferentes reacciones. En el Perú todavía se pueden escuchar comentarios como: “en una reunión familiar no se habla ni de fútbol, religión ni política” como una manera de evitar los conflictos. En Francia el tema es sumamente delicado en medio de una sociedad que defiende su ser laica con uñas y dientes. Y en los Estados Unidos las reacciones van de un lado al otro. Hace un par de semanas logró ubicarse entre los 20 films más vistos en la unión americana un documental denominado Religulous cuyo título es un juego de palabras entre Religion y Ridiculous. Lo religioso como sinónimo de ridículo. Eso nos lleva a preguntarnos, cuál es el lugar de lo religioso en nuestras sociedades?

Aunque el espacio para este artículo no lo permita, quizás una tarea a realizar sea hacer un recorrido histórico, para tratar de entender cómo el elemento religioso ha estado siempre presente en las distintas civilizaciones y sociedades, y de qué manera se ha ido desplazando de la esfera personal al espacio público, para luego ser restringido nuevamente al espacio personal. El debate entre el espacio de lo sagrado y lo profano aparece aquí puesto de manifiesto. Un teólogo como Paul Tillich insiste en la integración de lo religioso al interior de la cultura. La religión, dice Tillich, es el fondo, el contenido, la esencia de la cultura. Más allá de nuestra posición personal frente al tema religioso, más allá de lo que creamos o no, no podemos negar que el elemento religioso es un elemento presente en la vida de nuestras sociedades. Y es algo que debemos tener en cuenta para poder dialogar con otros.

Empecé hablando de Martha, una mujer como cualquier otra, con la que uno se puede encontrar en el Metro de Paris por las mañanas, como tantas con las que uno puede cruzar una que otra palabra, sin saber cuál es la fe que profesa, ni cuál es el espacio de la religión en su vida. A continuación le dimos una mirada al fenómeno Obama en los Estados Unidos y en el mundo entero, un nuevo presidente que no tiene empacho en decir que cada noche tiene como lectura personal algunos extractos de la Biblia. Quizás como lo deja entrever el documental mencionado, el mundo está embriagado de religión. Lo que es cierto es que mucha gente, en oriente y en occidente, en el primer y en el tercer mundo, tienen creencias religiosas que los conducen, tienen fe en algo que va más allá de ellos, tienen una relación personal o comunitaria con Dios. Y eso es algo que se debe respetar.

Cómo establecer entonces un diálogo, que no sea de sordos, para poder entenderse y vivir en armonía sin que la religión se convierta en un elemento de división, sino que por el contrario, nuestras creencias, nuestra fe, nuestras tradiciones religiosas nos permitan sentarnos en la misma mesa e intercambiar una palabra verdadera, para dejar de lado las discusiones sobre quién tiene razón o no, y pasar a preocuparnos juntos de los problemas fundamentales en el mundo de hoy como la pobreza y la violencia.

Víctor-Hugo Miranda, S.J. (Lima). Licenciado en Ciencias de la Comunicación. Estudia teología en el Centro Sèvres de Paris.


Leer más

La entronización nacional de la "criollada" y sus síntomas (I)


Hace algunos días Rafael Fernández escribía en este medio, inspirado por Magaly Medina y Luciana León sobre el problema que los peruanos tenemos con la ley y el modo en que “escenificamos” las fisuras sociales. Los medios de prensa hicieron de ambos casos un espectáculo que intentaba ante todo, vender. Una vez Magaly y Luciana convertidas en penosas divas de los medios, terminaron por ser incorporadas en esa “arena pública” que son los programas de humor, bajo la mordaz apropiación y reelaboración de Carlos Álvarez o bajo el cinismo de Jaime Baily.

Estos “escándalos” nos hacen ver que con la masificación de los televidentes, la simplificación de la cultura local y la banalización galopante de la ley y de los principios de respeto al prójimo, el vaivén político de la escena local termina por seguir un circuito previsible: 1) Desatino político, 2) Circulación de la noticia por los medios masivos, 3) Sobredimensión de los “síntomas” y sus “efectos políticos”, 4) Transformación en producto humorístico por el que 5) se banaliza el “mal radical” del problema y se repite el círculo vicioso, pues dicho “mal” termina por no verse. Se le niega.

Hace algunos meses, Martín Tanaka y Jorge Bruce lanzaron un debate a partir de sus posiciones acerca del racismo. Para Bruce el racismo reflejaría graves grietas de disociación en el proceso de reconocimiento del individuo dando como resultado fracturas sociales. Tanaka, por su parte, intentaba rescatar los valores de la cada vez mayor participación de aquellos actores que antes de la reforma de Velasco, eran simplemente transparentes, inexistentes. Saco a relucir este debate intelectual porque creo que también refleja lo que quiero ahora poner sobre el tapete: en el Perú estamos viviendo una etapa transicional en el que los síntomas sociales (y políticos, en consecuencia) están reflejando con pasmosa crudeza, que el cuerpo social que constituimos los peruanos, tiene en su raíz algo así como una constitución fallida. Pero ¡bendito sea el síntoma que nos hace conscientes del mal! –dirían Freud y San Agustín desde distintas perspectivas-: Creo entender esto en el análisis de Tanaka; en efecto, estos síntomas nos reflejan problemas que pueden ser posibilidades pero de otro lado, tampoco podemos dejar de ver que existe un “mal” que hay que detectar para erradicar.

Algo similar sucede con los casos de Magaly, Rómulo y su hija Luciana, la familia Tudela en pleno, los futbolistas de turno, Laura Bozzo, etc. Unos nos quedamos pasmados con los escándalos políticos de turno; otros reímos con las parodias de estos mismos escándalos; otros nos erigimos en Catón o Cicerón criollos para levantar arengas contra la inmoralidad y la corrupción; en fin, otros –desafortunadamente, muchos colegas del mundo académico- los transforman en materia suficientemente exótica como para hacer un artículo que leerá un círculo de proporciones ridículamente restringidas en comparación a la abrumadoramente masiva lectoría de El Trome. Como si estos “síntomas” de un deterioro nos diesen la ocasión de un mórbido placer.

Caricaturas de Carlín, publicadas diariamente en La República.

Así terminamos por vivir (creo que desde el desenmascaramiento de los Vladivideos) en un continuum de denuncias de síntomas de deterioro de la política y la moral social que parecen sumirnos en un goce perverso. Mi intención sin embargo es resaltar que este proceso también refleja -entre otras-, dos cosas: 1) la positiva (aunque ambigua, como lo he dejado ver) participación de los medios de comunicación como los difusores de una sintomatología de un funcionamiento perverso -cuyo origen habría que registrar en un momento bastante atrás en nuestro pasado y 2) la clara manifestación de que el cuerpo de nuestra sociedad sufre de un problema disfuncional.

No creo que se trate de un cáncer o de un deterioro incapaz de ser sanado. Al igual que mi amigo Martín, creo que vivimos un momento “privilegiado” y que el rol que cumple la prensa al desenmascarar crudamente estos “males sociales” –a los que estoy llamando “síntomas”- es históricamente determinante para nuestro futuro. Todo depende de si nos quedamos “atascados” en la fase del diagnóstico sintomatológico y aplicamos paliativos o placebos llamados banalización, relativización, “humorización”, burla, prefiriendo ver el escenario como espectadores seudo moralistas que pretenden estar alejados de todo ello. No. El mayor enemigo que debemos temer es el silencio; pero no hablo del silencio consciente. Hablo de la negación en la que quizá nos es más fácil vivir para terminar haciendo de Magaly, Luciana, Rómulo, etc etc, los chivos expiatorios de algo que no queremos ver, porque quizá nos espanta aceptar que ese algo, también nos habita.

Creo que es el momento de hacer un examen de conciencia histórico, colectivo. En ese sentido, el aparente cinismo de Rómulo León quien, ante cámaras decía algo como “yo hablaba como lo hace todo el mundo, ¿o no hablamos todos así?”, este cinismo, se nos revela espeluznantemente veraz. ¿Podemos, nosotros peruanos, en nuestro fuero interno, tirar la primera piedra a todos estos personajes? Cuando nos burlamos de los personajes inmorales escenificados en un programa cómico o le seguimos la cuerda al cinismo a-moral de Jaime Baily como sintiéndonos fuera, de todo ello... ¿no será que lo hacemos porque entendemos demasiado bien esos síntomas? ¿No será porque en el fondo de nosotros, sabemos que de una u otra manera, participamos de esas fisuras en nuestra vida de todos los días? En distintas dimensiones, todos en este país participamos del mismo pecado social: la “criollada” ha terminado por ser el modus operandi de nuestro cuerpo social. Evadimos como “toreando” principios y valores fundamentales como si se tratase de algo natural. Y lo patético es que....no parecemos darnos cuenta de que esto...ya no es para reírse.

Juan Dejo Bendezú, S.J. (Lima). Historiador. Candidato al doctorado en Historia de la Espiritualidad en el Centro Sèvres de Paris.

Leer más

Mons. Müller: la teología de G. Gutiérrez es ortodoxa porque es ortopráctica

(Foto: PUCP)
Monseñor Gerhard Ludwig Müller, obispo de Ratisbona (Alemania) acaba de ser distinguido como Doctor Honoris Causa por la PUCP en reconocimiento a su fecundo aporte a la teología contemporánea. Mons. Müller, a quien el propio Benedicto XVI encomendó la edición de sus Obras Completas, es un profundo admirador del Perú, país que ha visitado hasta en dieciséis ocasiones y que considera como su segunda patria. Pero la predilección de Mons. Müller por nuestro país no solo radica en su conocimiento de nuestra cultura, sino, sobre todo, en su profundo conocimiento del desarrollo teológico nacido de la experiencia latinoamericana y que Gustavo Gutiérrez llamó "Teología de la Liberación". De ahí que en su discurso de agradecimiento, Mons. Müller haya deseado subrayar el significado del aporte del teólogo peruano -invitado especial de aquella ceremonia- a su propio desarrollo teológico.

A continuación algunos párrafos del texto que Mons. Müller leyó en la Universidad Católica:

Teología y la realidad peruana:

"Con el seminario con Gustavo Gutiérrez se produjo en mí un giro de la reflexión académica sobre una nueva concepción teológica hacia la experiencia con los hombres para los que había sido desarrollada esa teología". (...)

"Mi estancia en Perú en 1988 no sólo está ligada al seminario, en el que vi claramente cuál es el punto de partida teológico de la teología de la liberación, sino también al encuentro vivo con los pobres de los que habíamos hablado.

Durante algún tiempo vivimos con los moradores de las barriadas pobres de Lima y después también con los campesinos de la parroquia de Diego Irrarazaval en el lago Titicaca. Desde entonces he estado otras quince veces más en Perú y otros países de Latinoamérica, a veces meses enteros durante las vacaciones de semestre en Alemania. Mi participación en cursillos teológicos... estuvo siempre acompañada de largas semanas de trabajo pastoral en las regiones andinas, especialmente en Lares en la archidiócesis de Cuzco.

Allí los rostros adquirieron un nombre y se convirtieron en amigos personales, experiencia ésta de Comunión universal en el amor a Dios y al prójimo, lo que debe ser la esencia de la Iglesia católica. Finalmente supuso para mí una profunda alegría cuando en el año 2003, en Lares, en la archidiócesis de Cuzco, siendo ya obispo, pude administrar el sacramento de la Confirmación a jóvenes a cuyos padres conocía ya desde hace tiempo y a los que yo mismo había bautizado

De ahí que yo no hable de la teología de la liberación de forma abstracta y teórica ni menos ideológica para halagar al grupo eclesial progresista. De igual modo tampoco temo que ello pueda interpretarse como falta de ortodoxia. La teología de Gustavo Gutiérrez, independiente del ángulo desde el que se mire, es ortodoxa porque es ortopráctica y nos enseña el adecuado actuar cristiano porque procede de la verdadera fe”.

Mons. Müller también habló de la crisis actual:

"Después de la caída del Comunismo establecido pensaron algunos que ahora podía conseguirse el paraíso en la tierra con un capitalismo desenfrenado. Las fuerzas autoreguladoras del mercado a escala mundial traerían por sí mismas el bienestar para todos o al menos para la mayoría. La realidad es muy diferente. No han sido las aparentemente todopoderosas fuerzas del mercado, sino la mera codicia de hombres concretos, las que han provocado la actual crisis financiera mundial, cuyas consecuencias tienen que pagar una vez más los pobres y los más pobres de los pobres, con su vida, su salud, con su muerte prematura; perdidas todas las perspectivas previstas por Dios para ellos.

"Los representantes del liberalismo han defendido en el pasado su imagen del hombre argumentando que no se puede gobernar el mundo con las bienaventuranzas, sin considerar que Jesús no pretende gobernar el mundo sino que el hombre se gobierne a sí mismo, se libere de su codicia y pueda convertirse en ser humano para los demás. Argumentaban que la Iglesia no entendía nada de economía y capitalismo y que si necesariamente quería ser altruista lo hiciera ocupándose de las víctimas del capitalismo. La Iglesia relegada a los hospitales, a las residencias de moribundos pero no (exigiendo) ética a Wallstreet".

"Aquí se pone de manifiesto de manera espantosa la tragedia de un mundo, de un mercado económico sin normas morales vinculantes. La codicia por el oro y por el dinero sigue siendo hoy causa de la destrucción de valores morales, cuya fuerza para el bien del hombre emana de la única fuente que conduce al hombre a su ser humano y a convertirse en el prójimo de sus semejantes".

No dejó de referirse a la crisis causada por el terrrorismo en nuestro país:

"Después de tantos decenios de terrorismo y contraterrorismo a espaldas de muchos miles de inocentes, especialmente de la población indígena pobre, se ha creado la Comisión para la Verdad y la Reconciliación dirigida por el profesor Salomón Lerner. Todos ustedes conocen los resultados de las investigaciones. La dimensión de la barbarie puesta de manifiesto es estremecedora".

"Sólo será posible un nuevo comienzo radical, con un desarrollo que lleve a una sociedad más justa y la garantía de los derechos humanos por parte del Estado. Pero también es necesaria una espiritualidad de los derechos humanos. La mayor aspiración de cada persona, en lo más hondo de su conciencia, deberán ser el concienciarse de la responsabilidad del hombre ante Dios y el espíritu de fraternidad. Sólo así se podrá limitar la codicia por el dinero y el poder como fuente de todo mal. Y si la exculpación y la reconciliación no las concebimos como obra propia sino como don divino y orden de vida, puede crecer en nuestros corazones esa gratitud que presenta la existencia como ser humano para otros como la medida suprema de lo humano, de las posibilidades de desarrollo de cada persona en el esplendor del amor de Dios. Deus caritas est, ésa es la meta y el instrumento de la liberación y la perfección del hombre hacia el Dios Trino".

Terminó recordando nuestros santos:

"En Perú he hallado dos cristianos en los que se simboliza la añoranza del pueblo por la experiencia de la dignidad imperdible del hombre; santa Rosa de Lima y Martín Porres se han convertido en amigos queridos en los que brillan en su forma última los objetivos de la liberación y la redención".

El texto completo de Mons. Müller, en el portal de la PUCP >>>
Un Honoris Causa diferente >>>


Leer más

Un "Honoris Causa" diferente

A propósito de la distinción de Monseñor Gerhard Ludwig Müller como Doctor Honoris Causa, recogemos el siguiente texto de Rómulo Franco Temple, de la Universidad Católica:

(Foto: PUCP)
El Doctorado Honoris Causa que la Pontificia Universidad Católica del Perú ha conferido el pasado viernes a Mons. Gerhard Ludwig Müller, Obispo de Regensburg (Ratisbona) no es para nosotros uno más de los (pocos, en realidad) que la Universidad ha otorgado.

Nos ha permitido reafirmar nuestra identidad como universidad católica, y sentirnos en sintonía con la Iglesia Universal, y en especial con Benedicto XVI, quien es uno de los primeros que recibió, en 1986, el Doctorado Honoris Causa de nuestra Universidad, en ceremonia presidida por el Cardenal Landázuri, siendo Rector el Ing. José Tola y habiendo tenido el P. Manuel Marzal SJ el Discurso de Orden.

Mons. Müller es un teólogo muy cercano a Benedicto XVI, quien le encomendó la edición de sus Obras Completas. Precisamente hace pocos días, durante la presentación de esta obra, el Papa, , según declara Mons. Muller, lo felicitó por el Doctorado que recibiría de la PUCP y recordando juntos la ceremonia de 1986.

Quienes trabajamos en nuestra universidad sentimos que lo hacemos como parte de nuestro compromiso como católicos en la Iglesia, pero esta Ceremonia nos ha permitido profundizar el sentido de nuestra fidelidad a la Iglesia

Las estupendas palabras del Dr. Salomón Lerner y de Mons. Müller nos permitieron repensar nuestra vida cotidiana vinculando los sentidos académico, filosófico y teológico en un Acto en que autoridades, profesores y alumnos llenaron el Auditorio de Humanidades, acompañados por Mons. Cabrejos, Presidente de la Conferencia Episcopal y máximo representante de los Obispos del Perú, y Mons. Salvador Piñeiro, Obispo de nuestras Fuerzas Armadas y figura muy apreciada en nuestra Iglesia.

Salomón Lerner presentó la experiencia de cercanía de Mons. Müller con el Perú y con los pobres como parte de su vida académica y pastoral, y expuso magistralmente el pensamiento del Cardenal Ratzinger sobre la importancia de la relación entre la fe y la razón en el medio universitario, que dan sentido a nuestro quehacer académico.

Mons. Müller quiso centrar sus palabras en resaltar la importancia del aporte de la Teología de la Liberación en su propio trabajo como teólogo y profesor de Teología, y en la teología actual, haciendo un resumen de las principales ideas que orientan el trabajo en especial del P. Gustavo Gutiérrez, allí presente, a quien rindió un cariñoso homenaje. "La teología de la liberación está para mí unida al rostro de Gustavo Gutiérrez", dijo al iniciar su intervención. Precisó que su estudio de la Teología de la Liberación aquí en Lima en un Seminario promovido por Misereor y animado por el P. Gutiérrez significó para él un cambio en su perspectiva teológica y personal. Demostrando gran conocimiento de la obra del P. Gutiérrez, se refirió a su libro "Beber en su propio pozo", y desarrolló varias ideas sobre la figura de Bartolomé de las Casas.

Para nosotros, escuchar todo esto de una persona cercana a Benedicto XVI nos llenó de esperanza. Salimos animados a superar las dificultades, y seguir trabajando en la Católica en sintonía con la Iglesia Universal, aportando con nuestra reflexión y labor académica para que diálogo entre la fe y la razón traiga mejores tiempos para todos, especialmente para los más necesitados.

Este Honoris Causa nos hace acercarnos a Navidad con más esperanza.

Rómulo Franco Temple, S.J.

Leer más