Especial: "el rollo espiritual" y los jóvenes

Después de un tiempo de silencio, necesario para volver a soñar con nuevas propuestas de diálogo con el mundo contemporáneo, Esejotas continúa esta aventura que inicia su tercera temporada estrenando nuevo diseño. Y al más puro ejemplo de las grandes revistas, no solo les ofrecemos un artículo, sino un especial sobre: El "rollo espiritual" y los jóvenes, una propuesta que pueda ayudar a los jóvenes en sus búsquedas y preguntas sobre la fe.




Tiempo de navidad, tiempo de generosidad

Diciembre es un mes diferente. Se va cerrando el semestre académico, el año escolar, las facturaciones de empresas, los balances de los negocios, etc. Es un tiempo donde no solo lo material, sino lo anímico juega un papel importante. Es un mes que se termina cansado. Sin embargo, para los cristianos es un mes especial. Aquí recordamos y celebramos la llegada del Salvador, la “incursión de Dios en la historia”. Este hecho, a pesar de recordarlo en el último mes del año, también nos permite reflexionar sobre lo que significa y nos puede decir a nuestra propia vida como personas y como colectivo.>>

La clave de lectura que podemos proponer en este mes es la generosidad. Frente al cansancio físico y emocional propio de diciembre, vale resaltar la cantidad y la calidad de actividades que giran en torno a la generosidad. Las famosas campañas navideñas de grupos, instituciones y personas son un signo de que existe en la compleja condición humana una dimensión que reconoce al otro como igual. Esa ha sido la imagen que predomina en este tiempo: familiaridad y unidad – que los medios de comunicación y campañas publicitarias saben explotar muy bien. La generosidad es una actitud que nos puede dar un nuevo aire y un nuevo impulso para mirar el futuro con esperanza, cerrar el año con paz y abrirnos a un nuevo año con expectativa.

Contra lo que la mayoría piensa, preocuparse por los otros es también una forma de ser feliz. A mi parecer, esa es una de las mayores lecciones del nacimiento de Jesús. Dios ha sido generoso con su creación, y sigue siendo generoso. La donación de Dios tiene nombre propio: Jesús. Y la donación de una mujer cambió el rumbo de la historia: María con su Sí. Es por ello que en Navidad celebramos la venida del Salvador. La generosidad es salvación y la salvación es donación.

¿Dónde, cómo y por qué ser generosos hoy? La realidad habla por sí misma y existen cantidad de manifestaciones del mundo donde la actitud de la generosidad lidia con el imperativo de serlo. La crisis mundial, la desigualdad abismal entre países y regiones, el daño irreversible al medio ambiente – y una ONU que reúne al mundo entero para tratar de salvarlo en pocos días -, la indigencia del hombre, la pobreza de los niños, la indiferencia de los jóvenes, la incredulidad de los adultos y un largo etcétera. Existen espacios que claman generosidad y es posible reconocer que existe también un grupo humano concreto capaz de escuchar esos gritos. Los jóvenes, sinónimo de aventura, riesgo y sueños, son también sinónimo de generosidad y donación. Ellos se arriesgan a comprometerse con pequeños o grandes proyectos, que repercuten en sus propias vidas como formación para el futuro, o repercuten en la sociedad como signos del cambio social deseado y posible. La juventud es donación. Jesús en sus cortos treinta y tres años y María en su sencillez y juventud, nos confirman esta afirmación. Aprovechemos estos años y estos espacios que Dios nos dona. Años de juventud y espacios de rostros humanos.

Hagamos de la generosidad un camino que una humanidad y divinidad, ya que Dios no renuncia a hacer del mundo un espacio de dignidad y progreso. “El Señor ha estado grande con nosotros, y estemos alegres” (Sl. 125)

Juan Bytton, S.J. (Lima). Licenciado en Economía por la PUCP. Hace el Magisterio en la Pastoral Juvenil y la Promoción Vocacional.

Cuidemos al mundo, nuestro hogar

Hablar de la ecología no solo responde hoy en día a una moda establecida por la gente más interesada en el cuidado de la naturaleza. Hablar de la ecología hoy en día es fundamental para nuestras vidas, para la vida de nuestro planeta, para el futuro del mundo y de la humanidad. La Cumbre de Copenhague que ha tenido lugar los últimos días nos muestra cómo las autoridades de los gobiernos van escuchando el pedido de las instituciones ecológicas por una mayor reflexión al respecto y por acciones concretas que nos ayuden a cuidar al mundo como nuestro hogar.

La Palabra de Dios ilumina la reflexión ecológica sobre la importancia para el ser humano de cuidar de la casa común: la Naturaleza creada. Los textos del Antiguo Testamento manifiestan la presencia de Dios en la historia humana, y la relación de la Palabra divina con el ser humano. Palabra que crea, que tiene fuerza, que es acción, que es comunicación, que revela a Dios, que conduce a la reflexión, que conduce a la conversión. Ya en el Génesis se narra la creación del mundo como una manifestación de la acción divina: "Dios creó el cielo y la tierra" (Génesis 1,1). Continúa el texto con la creación de las plantas, de los animales y del ser humano, quien recibe la responsabilidad de cuidar de la creación divina (Génesis 1,27-31). Este relato de la creación destaca que para Dios todo "era bueno". Por lo tanto, la Palabra de Dios está presente en los orígenes del mundo, como una palabra que crea el medio ambiente en el que los humanos deben vivir en armonía y comunión, comprometidos con la preservación de la creación.

El ser humano no debe olvidar que está íntimamente relacionado con la Naturaleza, que forma parte de ella, y que tiene un compromiso intrínseco con su cuidado y respeto. De lo contrario, él podría romper la comunión con la naturaleza, que desde la creación fue manifestada por la Palabra de Dios. Al no ser consciente de preservar la casa común de la humanidad, el ser humano pone en peligro los recursos naturales necesarios para la vida, conduciendo todo hacia la destrucción del mundo recibido. En poco tiempo, un recurso como el agua hará falta y la vida en la Tierra se verá comprometida. Es más, el calentamiento global y los cambios climáticos que causan sequías e inundaciones destructoras, son consecuencia de la insuficiente consciencia ecológica, y de no saber amar a la casa común: el planeta Tierra.

Comprender el sentido de la creación significa que el ser humano tome consciencia de saber cuidar la naturaleza. Él no puede verla como objeto, como “algo” para sacar provecho. Menos aún ser su destruidor. Si Dios creó un mundo maravilloso y bueno, significa que tanto los vivos y los recursos naturales son buenos; no sólo los seres humanos creados a imagen y semejanza de Dios: “Dios vio todo lo que había hecho: y era muy bueno” (Gen 1,31). Por lo tanto, todo el planeta Tierra es bueno y merece de cuidado.



Recibir la responsabilidad de preservar la creación indica que el ser humano tiene la capacidad de cuidar de la vida en el mundo. Es decir, la capacidad para cuidar la vida de todos los seres vivos con los que se interrelaciona y convive, y de proteger su Medio Ambiente. Esta capacidad de cuidado por el uso reflexivo de su inteligencia, que mueve la voluntad, para actuar con coherencia en la búsqueda del bien común en el mundo. De lo contrario, el ser humano, actuando irracionalmente, compromete la vida en la Tierra. Si él no fuese capaz de cuidar de la casa común, ¿quién entre los otros seres vivos podría hacerlo?

Precisamente por su capacidad intelectual, el ser humano debe tomar consciencia del uso adecuado de los recursos que la Naturaleza ofrece. Él debe discernir cómo ser solidario en la distribución de los recursos naturales, para que sean aprovechados por todos, sin que esto signifique devastación, explotación, ni avaricia económica. Es conocido el compromiso de grupos de mujeres y hombres con la causa ecológica. Sin embargo, es necesario que esta causa sea asumida por todos los seres humanos. El problema ecológico es una urgencia global. La actitud de cuidado, respeto y preservación de la casa común debe ser un compromiso ecológico de todos los hombres y mujeres, y no sólo de un grupo de ecologistas, ya que todos estamos llamados a vivir en armonía en y con el planeta Tierra. La responsabilidad de preservar la Naturaleza y dejarla como herencia a las generaciones futuras se presenta como un compromiso desafiador para todo ser humano consciente del amor por la vida.

El Foro Social Mundial (FSM) promovido por organizaciones y movimientos comprometidos con temas sociales, realizado en Belén (Pará-Brasil) a inicios de este año, llamó la atención sobre la importancia de la Amazonía. Iluminados por el lema “Otro mundo es posible”, el FSM alentó que, reflexionar sobre la ecología debe conducir a la construcción de un mundo mejor para todos los seres humanos, fundamentado en el respeto y el cuidado del Medio Ambiente. Conseguir esto significa necesariamente un cambio en la relación del ser humano-Naturaleza, y sobre todo, un compromiso con la Amazonía. Todo ser humano que desee marcar la diferencia en favor de la vida está invitado a lanzar una nueva forma de mirar el compromiso, el cuidado, y la protección de la casa común: la Naturaleza.

Carlos Quintana, S.J. (Chiclayo). Licenciado en Microbiología. Estudia Teología en la FAJE de Belo Horizonte.

Cuestiones básicas sobre Copenhague >>>
(por la Red Ignaciana para el Medio Ambiente)