Rock y Teología


Rock y Teología son dos palabras que generalmente no van juntas. Al contrario, a veces se pueden entender en contradicción o en oposición. O peor aún alguien podría decir que no tienen nada que ver la una con la otra. ¿Por qué aparecen juntas entonces en el título de este post y por qué aparecen además unidas por la conjunción “y” como si la relación entre ellas fuese de cercanía y no de distancia?. Pues un grupo de teólogos católicos de distintas universidades de los Estados Unidos ha iniciado un proyecto de reflexión sobre la relación y los vínculos que se pueden establecer entre el Rock y la Teología. ¡Vaya propósito! dirán algunos. Y no se trata de reflexionar sobre el rock cristiano como tal, sino sobre el vínculo que se puede establecer entre el rock en general, la música moderna contemporánea y la fe cristiana.

A la cabeza de este grupo se encuentra Tom Beaudoin, joven teólogo estadounidense, que ha estudiado en Harvard y ha trabajado en las prestigiosas universidades jesuitas de Boston College y Santa Clara (California) antes de recalar en Fordham (Nueva York). Beaudoin está interesado en el diálogo entre la teología y la cultura contemporánea, una de las razones que lo llevó a publicar el libro “Fe Virtual” sobre la relación entre la Fe cristiana y algunos elementos de la cultura contemporánea como los videos musicales, el Internet y la moda. Su proyecto de reflexión lo ha llevado a juntar a otras personas interesadas en el tema desde el lado de la investigación académica y de la vida de fe para dar vida al blog “Rock and Theology” en el que comparten sus reflexiones salpicadas de videos musicales. Una buena iniciativa que nos puede interesar y que nos puede ayudar a entender que estamos invitados a “encontrar a Dios en todas las cosas” y a descubrir que en las distintas manifestaciones culturales del ser humano puede haber algo que nos hable de Dios. www.rockandtheology.com

A Peruvian Jesuit Weighs in on Virtual Faith >>>

Una misa que toma su tiempo

Es domingo, van a dar las 7 de la noche y la gente sigue llegando, primero de a pocos, luego se amontonan en la entrada. No es la puerta de un teatro ni del cine. Es la iglesia San Ignacio en París. La gente llega todavía bastante abrigada. Aunque la primavera se aproxima, el invierno parece no querer partir. Hay un joven jesuita en la entrada, vestido en alba, dando la bienvenida a cada uno. Esto no es muy usual en una iglesia. Sin embargo recoge una vieja tradición de los primeros siglos del cristianismo, en el que había siempre alguien que daba la bienvenida a los que llegaban a la celebración. Este pequeño ritual se repite cada domingo a la misma hora. Y desde hace diez años.>>>

Se trata de una misa preparada por jóvenes profesionales y universitarios y dirigida al público juvenil. Es una misa un poco más larga de lo habitual. Y aunque parezca mentira es justamente lo que convoca a los jóvenes que vienen cada semana a participar de esta celebración. A los franceses les gusta utilizar siglas para identificar todo tipo de cosas, desde instituciones, actividades hasta grupos. Y este caso no podía ser una excepción. Para todos aquellos que vienen a menudo identifican esta misa como “La MT”: “La Misa que toma su tiempo”.


Pero de qué se trata esta misa y qué significa eso de que se toma su tiempo? Hace 10 años un grupo de jesuitas decidió seguir los consejos del Cardenal Martini quien instauró un grupo de “Escucha de la Palabra” en Milán. Estos jesuitas franceses exportaron la idea y la juntaron a la celebración de la Eucaristía. Al principio era solo un pequeño grupo de personas el que participaba, pero con el tiempo la cantidad ha crecido. Cada domingo la iglesia acoge entre 280 y 300 personas.

La liturgia de la palabra tiene algunas variantes. El texto del Evangelio es leído dos veces. Una primera vez por una persona de la Asamblea, después de lo cual el sacerdote que preside la Eucaristía dice su homilía a la manera de “puntos” que ayuden a entrar en la oración. Luego viene el momento de la proclamación del Evangelio. Todo el mundo se pone de pie y se acerca al ambón para escuchar el Evangelio. La idea de esta doble lectura es ayudar a la gente a profundizar e interiorizar la palabra de Dios



Y aquí viene la originalidad de la MT. Finalizada la proclamación del Evangelio se invita a tener 20 minutos de oración personal en silencio. Cada uno puede buscar el lugar más adecuado en la iglesia para este momento de encuentro personal con Dios. El coro anuncia el fin de este momento con un aire musical. Luego se les invita a los participantes a volver a sus asientos y compartir en pequeños grupos de cuatro durante cinco minutos. Estos momentos son muy apreciados por los asistentes. Hablar con otros sobre lo vivido en la oración o sobre lo que suscita la lectura del Evangelio es la ocasión de poner en claro la reflexión personal o sentirse invitado a reflexionar a partir del compartir del otro.

En el momento del ofertorio todos vienen alrededor del altar. Después de la distribución de la comunión, el joven jesuita que da la bienvenida en la entrada de la iglesia, se acerca al micrófono para dar los avisos parroquiales, la tradición marca que debe hacerlo con un poco de humor y termina siempre este espacio con una invitación a pasar al salón parroquial para compartir algo de comer y beber en comunidad. Los asistentes, jóvenes universitarios y profesionales, participan de este espacio con entusiasmo y alegría. En una sociedad que se autoproclama radicalmente laica y poco cálida con aquellos que se identifican como creyentes, la MT es un espacio de encuentro, de hospitalidad, de relación consigo mismo, con Dios y con los demás.

Víctor Hugo Miranda, S.J.

Fotos: Mélanie Frey