Like a Prayer 2.0: el fenómeno “Glee”


Desde que iTunes se ha convertido en el lugar de referencia para descargar música desde tu propia computadora, hay un nuevo fenómeno musical que no puede ser dejado de lado: algunas canciones que causaron furor en su momento vuelven a ser escuchadas hoy en día por las generaciones más jóvenes. Un ejemplo de ello es la canción “Like a Prayer” interpretada originalmente por Madonna y que hace 21 años fue número uno en las listas de popularidad del mundo entero. Pues esta misma canción vuelve a estar en los primeros lugares de éxito estos días, pero no se trata de la misma versión de Madonna, sino la del elenco de la serie Glee, que se escucha en los iPods de los adolescentes de hoy, aquellos que siguen la serie y que seguramente nunca antes escucharon hablar de Madonna.

Algo que también llama la atención es encontrar una canción que lleve en el título la palabra “Prayer” (Plegaria). Aunque entonces se armó todo un escándalo por el video en el que Madonna aparecía besando a un santo moreno (opacando la calidad de uno de sus mejores discos), nadie se extrañaba que una canción hiciera alusión a un tema religioso. Sin embargo veinte años después eso es poco probable. Los adolescentes de hoy no sólo no saben quién es Madonna, sino que tampoco escuchan hablar de Dios ni de la religión y menos a través de la música que llega a sus oídos. Pero nuestros amigos de Glee han hecho esto posible, que una canción de amor que utiliza la metáfora de la plegaria y que habla del canto de los ángeles y del cielo en su letra, sea escuchada por las nuevas generaciones.>>>


La versión Glee de Like a Prayer con elementos religiosos como el vitral que asemeja una iglesia y el coro gospel.

¿Pero qué es Glee? Se trata de una de las series más populares del momento en los Estados Unidos y en el mundo entero. Con solo una temporada en el aire (apenas 15 capítulos hasta el momento) ha acaparado premios como el Globo de Oro y le han llovido críticas positivas. ¿De qué se trata la serie? Glee es un club de canto de una escuela secundaria. Pero claro no es el lugar para la gente más popular (un chico en silla de ruedas que toca la guitarra, una chica negra con una voz espectacular, un chico gay que viste siempre a la moda, una chica gótica y una aspirante a diva que cae pesada a todo el mundo), es más bien el último escalón de la vida social de esta escuela hasta que el capitán del equipo de fútbol y algunas porristas se suman al grupo. El club Glee debe participar en un concurso estatal y para ello deberá superar distintos obstáculos, siendo el principal de ellos, la directora de las porristas, principal opositora del proyecto. En fin, toda una serie de enredos y de divertidos diálogos en el pequeño mundo de esta escuela y los avatares del club Glee.

Hasta allí no hay una gran diferencia con otras series de televisión de mayor o menor impacto. Pero el plato fuerte de la serie son las canciones, que se convierten en el hilo conductor de cada capítulo, en los que el profesor y los alumnos hacen distintas propuestas de canciones vinculadas a lo que van viviendo y descubriendo en sus vidas adolescentes: amor, sexo, amistad. Además las canciones pueden ser descargadas digitalmente desde que la serie está al aire, logrando un éxito sin precedentes, como sucedió en la primera emisión con la canción “Don’t stop believin” de Journey, gran éxito de 1981 que en su nueva versión de Glee ha llegado al número 4 del Billboard (el original sólo alcanzó la posición 9) y ha vendido más de medio millón de copias. En plena era digital las canciones del club Glee son de lo más populares, convirtiendo hits de otras épocas en verdaderas canciones de culto para los jóvenes de hoy.


Don’t stop believin’ se ha convertido en un himno de los jóvenes, un himno de esperanza.

Lo mismo está ocurriendo con “Like a Prayer”. El capítulo 15 tuvo como título “El Poder de Madonna”. Tanto el profesor que dirige el club Glee como la profesora que dirige a las porristas retaron a sus alumnos a inspirarse en Madonna, en su música, en su manera de vestir, en su actitud, para preparar sus números musicales. Es así como el elenco de Glee revisitó clásicos como “Borderline”, “Like a Virgin”, “Open your Heart”, “Express Yourself” o “Vogue”, que causaron sensación en los años 80 y 90, así como el más reciente “4 minutes”. Pero es la versión de “Like a Prayer” la que ha vuelto locos a los fans de la serie que no dejan de descargar esta canción ni de ver su video en YouTube. Se trata del fenómeno “Glee”, una serie en la que los jóvenes encuentran en la música una manera de inspirarse en la búsqueda por el sentido de sus vidas y expresar lo que van experimentando. A ver qué más sorpresas nos trae este maridaje entre canciones del pasado y jóvenes de hoy sazonado con toques de buen humor.

Lo que importa en el tema del abuso clerical

Las últimas semanas han estado convulsionadas por las denuncias públicas de los abusos sexuales cometidos por sacerdotes de la Iglesia católica, por la actitud de los medios de comunicación que han llegado incluso a acusar al Papa Benedicto XVI de haber ocultado información, y por las criticadas reacciones de algunas autoridades eclesiales. ¿Qué podemos decir ante esta situación? Creemos que lo primero es tratar de informarse bien sobre lo que ha sucedido. Hay una realidad frente a la cual no se pueden cerrar los ojos. Y una gran cantidad de víctimas a las que habría que ayudar a curar sus heridas. No se trata de aferrarse a una actitud defensiva que podría ser negadora. Asimismo, creemos que es importante conocer también lo que la Iglesia está tratando de hacer hoy para evitar nuevos casos de abuso sexual.

El sacerdote norteamericano Thomas Reese analiza toda esta situación de una manera inteligente, lo que nos puede ayudar a reflexionar y a generar nuestra propia opinión al respecto.


Lo que importa en el tema del abuso clerical
publicado por The Washington Post (leer en inglés)

Los medios de comunicación están siendo atacados por los defensores del Papa Benedicto XVI que sienten que la cobertura de la crisis de abuso sexual es injusta. ¿Algunos periodistas hacen un trabajo mediocre en la presentación de informes? Claro que sí. ¿Son algunos comentaristas exagerados en su retórica? Claro que sí. Cuando el debate se realiza entre el New York Times y la Iglesia Católica, parece tratarse simplemente del enfrentamiento entre dos instituciones infalibles.>>>

Pero seamos honestos. La Iglesia rara vez ha sido de gran ayuda en la cobertura de la historia de abuso sexual, y sin la cobertura de los medios, la Iglesia no hubiera limpiado su manera de actuar. La Iglesia tiene una deuda de gratitud con los medios de comunicación, especialmente con el National Catholic Reporter, que se ocupó de esta historia a partir de mediados de los años 1980, mucho antes que el Boston Globe.


Además, atacar a los medios de comunicación es una estrategia de relaciones públicas estúpida y que no funciona; de hecho es contraproducente. Hace que la Iglesia parezca a la defensiva y que está tratando de restar importancia al problema del abuso. Llamar a la cobertura de estas noticias chismes de poca monta o comparables al antisemitismo es desastroso; es verter gasolina sobre el fuego.

Cada vez son más los casos concretos que aparecen en los titulares como resultado de trascendidos informales de los abogados a los medios de comunicación o de documentos que son liberados por los tribunales. En estas historias noticiosas, es extremadamente importante para los periodistas y sus audiencias prestar atención a los plazos, a la línea de tiempo de los casos. Estas son algunas de las preguntas que necesitan ser formuladas y contestadas cuando se mira casos concretos.

1. ¿Cuándo sucedió el abuso?


La mayoría de los casos de abuso en los Estados Unidos divulgados actualmente por los medios de comunicación tuvo lugar hace décadas. Sabemos por el estudio realizado en 2004 por la Escuela John Jay de Criminología (http://www.usccb.org/nrb/johnjaystudy/) que el número de presuntos abusos aumentó en la década de 1960, alcanzó su punto máximo en los años 70, disminuyó en la década de los 80 y en los 90 había vuelto a los niveles de la década de 1950. Si la fecha del abuso resulta enterrada en el final de la historia periodística, el lector superficial puede pensar que se trata de un caso reciente.

2. ¿Cuándo fue denunciado el abuso a la diócesis?


Una de las tragedias de la crisis de abuso sexual es que las víctimas, debido a su edad y vulnerabilidad, no hicieron público el abuso de inmediato. Algunos nunca lo hicieron porque no quisieron que sus familias, amigos o conocidos supieran qué les pasó. Como resultado, ni siquiera la Iglesia sabía la magnitud del problema. Según el informe de John Jay, un tercio de las acusaciones se reportaron luego de 1993 y otro tercio se realizaron en los años 2002-2003. "Por lo tanto, antes de 1993, sólo un tercio de los casos fueron conocidos por funcionarios de la Iglesia", dice el informe. La Iglesia debe ser culpada por lo que sabía, pero ¿acaso puede ser culpada por lo que no sabía?



3. ¿El sacerdote abusó de nuevo después de que fuera reportado por primera vez a la diócesis?


La mayoría de los sacerdotes (56 por ciento) según el informe de John Jay sólo tiene una acusación. Por otra parte, los 149 abusadores en serie (los que abusaron de 10 o más niños) fueron responsables de 27 por ciento de los abusos. Que la iglesia no se haya ocupado de estos abusadores en serie de manera más rápida es inconcebible e intolerable.



4. ¿Cuánto tiempo pasó entre el momento en que se reportó el abuso a la Diócesis hasta que el sacerdote fue suspendido de su ministerio?


Con el fin de proteger a los niños, es esencial que los sacerdotes abusivos sean retirados rápidamente del ministerio pastoral (no se les permita usar la ropa clerical, celebrar la misa o los sacramentos en público, presentarse como sacerdote o trabajar con niños). Las Normas de Dallas de 2002 exigen que el sacerdote acusado sea suspendido mientras se realiza la investigación
(http://www.usccb.org/ocyp/normsp.pdf en castellano).

Antes de 1985, la mayoría de los obispos manejó estos casos de modo deficiente. Tuvieron mala asesoría de abogados y psicólogos, creyeron al sacerdote cuando decía que nunca lo volvería a hacer, y se centraron en la protección de la Iglesia en lugar de proteger a los niños. Algunos obispos aprendieron más rápido que otros que esa era una respuesta inapropiada. Después de que los obispos emitieran sus directrices en 1992, la mayoría de los obispos actuó mejor, pero algunos, como el cardenal Law ignoró las pautas. Conviene tener en cuenta, sin embargo que aunque sólo Law renunció, la mayoría de los obispos que hizo un mal trabajo antes de 1992 ya no tienen diócesis a cargo porque los obispos se jubilan a los 75 años de edad.



5. ¿Cuánto tiempo pasa desde el momento en que se reporta el abuso a la Diócesis hasta que el sacerdote es denunciado a la policía?


De acuerdo con la normativa 2002 de Dallas, la diócesis "cumplirá con todas las leyes civiles con respecto a la notificación de las denuncias de abuso sexual de menores a las autoridades civiles y cooperará en la investigación." La mayoría de las diócesis han ido más allá y reportado denuncias aunque no es requerido por la ley. La diócesis también "asesorará y apoyará el derecho de las personas de hacer un reporte a las autoridades públicas." Con frecuencia la policía no investiga el crimen, ya que excede el límite establecido por la ley para sancionarlo.



6. ¿Cuánto tiempo pasa desde el momento en que se reporta el abuso a la Diócesis hasta que la diócesis informa al Vaticano?


En 2001, Juan Pablo II ordenó que si hay pruebas suficientes de que se ha producido abuso sexual de un menor de edad, el caso debe ser reportado a la Congregación para la Doctrina de la Fe. En algunos casos, el cardenal Joseph Ratzinger (ahora Benedicto XVI) está siendo hecho responsable a pesar de que no fue notificado de los casos sino luego de años y a veces décadas después de que la diócesis supo.



7. ¿Cuánto tiempo toma el proceso canónico para determinar la inocencia o culpabilidad de los acusados? ¿Si todavía no está terminado, en qué etapa se encuentra?

El derecho canónico de la Iglesia, como el sistema de justicia penal estadounidense, tiene procedimientos para el debido proceso, que puede llevar tiempo en ambos sistemas. Los casos en que las pruebas son abrumadoras o el sacerdote confiesa pueden ser tratados con prontitud. Aquellos en los que es la palabra de uno contra la del otro son difíciles. A pesar de todos sus recursos de dinero y experiencia, el sistema norteamericano de justicia penal con demasiada frecuencia condena inocentes y libera a los culpables. Tiene dificultad para lidiar con casos de violación y acoso sexual en el que es la palabra de una persona contra la de otra. No debe sorprender que tampoco la Iglesia sea perfecta en casos de este tipo.



El sitio web del Vaticano tiene una descripción, en términos sencillos, del proceso para tramitar las acusaciones de abuso sexual (http://www.vatican.va/resources/resources_guide-CDF-procedures_en.html). Para los casos en curso, la Iglesia necesita ser transparente en la descripción de en qué punto del proceso está el caso.



8. ¿Qué castigo se aplica a los culpables y cuándo?


En 2002, las normas aprobadas por el Vaticano establecen que el sacerdote ofensor "será retirado permanentemente del ministerio eclesiástico, sin excluir la expulsión del estado clerical, si el caso lo justifica." Afirman también que la sanción de despido podría no aplicarse "por razones de edad avanzada o enfermedades".

En teoría, el despido del sacerdocio (remoción del estado clerical, o reducción al estado laical) puede distinguirse de la suspensión del ministerio. Sin embargo, mientras el sacerdote observe las condiciones de su suspensión, los niños estarán seguros. De hecho, los niños estarán más a salvo cuando ese sacerdote es suspendido y confinado a un monasterio bajo supervisión de lo que lo serían si es despedido y arrojado a la calle y la Iglesia se lava las manos respecto de él.


Sin embargo, el despido puede ser necesario para mostrar a las víctimas y otros interesados que la diócesis cree la acusación y responde de manera adecuada. También puede ayudar en el proceso de curación de las víctimas. Y también protege a la diócesis de toda responsabilidad por abusos futuros. Debido a que en el pasado muchos obispos no supervisaron bien a sus sacerdotes, nadie confía en que los obispos lo hagan ahora.

Por Thomas Reese, S.J.
Académico Asociado Senior del Centro Teológico Woodstock de Georgetown University
(Traducción de Juan Fernando Vega Ganoza)


Más sobre el tema (en inglés):

Por James Martin, S.J.:

- It's not about celibacy: Blaming the Wrong Thing for the Sexual Abuse Crisis
http://www.huffingtonpost.com/rev-james-martin-sj/its-not-about-celibacy-bl_b_533037.html

- It's not about homosexuality: Blaming the Wrong People for the Sexual Abuse Crisis
http://www.huffingtonpost.com/rev-james-martin-sj/its-not-about-homosexuali_b_537810.html


La resurrección de Jesús: del vacío al asombro de una relación

Con una gran sonrisa en los labios, hizo su ingreso en la ciudad montado sobre un asno. Todo el mundo celebraba su llegada. Parecía una verdadera fiesta. La gente lo saludaba con palmas de olivo en las manos. Y el brillo de su mirada iluminaba todo a su alrededor. Sin embargo era el inicio del fin. Después de algunos días cesaron las aclamaciones. Ya no habían cantos cuando él pasaba, al contrario miradas de sospecha y murmuraciones. Las autoridades estaban a su acecho. El era la presa que había que cazar. Tenía que pagar el precio de su audacia: haber criticado a quienes ostentan el poder político y religioso. Fue traicionado, humillado, insultado y torturado. Fue condenado a morir como un criminal. Sus amigos huyeron sin defenderlo. Con su muerte, todas las esperanzas que habían sido depositadas en él desaparecieron con él. Pero pasado un tiempo, tres de sus amigas fueron a visitar su tumba. De pronto se encuentran con alguien que les dice: “Por qué buscan a quien está vivo de entre los muertos”. Y cuál sería su sorpresa al descubrir que el cuerpo ya no estaba allí. Despertó del sueño de la muerte. El está vivo. La muerte no pudo con él.

Jesús resucitado danza con un angel. La alegría de la victoria de la vida sobre la muerte. Jesús danza, vive, deja que los demás entren en relación con él (foto: Dani Villanueva, SJ, portal del santuario mariano de Yaundé, Camerún).

Esta es la historia de un hombre llamado Jesús y de cómo fueron sus últimos días. Nadie sabe con exactitud qué pasó entre el momento de su muerte y el descubrimiento de la tumba vacía por sus amigos. Lo único que sabemos es lo que sus discípulos comenzaron a decir desde entonces, que Jesús había resucitado de entre los muertos, que él había vencido a la muerte, que Dios lo había resucitado. El mismo Jesús con quien ellos habían pasado tanto tiempo juntos, recorriendo Galilea, yendo a Jerusalén, ese Jesús al que escuchaban con tanta atención cuando les hablaba en parábolas, ese Jesús a quien habían llegado a considerar como el Mesías tanto tiempo esperado. El mismo Jesús al que vieron morir en la cruz. Ese Jesús que había osado llamar “Abba” a Dios, al parecer había sido escuchado en su oración por el mismísimo Dios, quien lo arrancó de las garras de la muerte para sentarlo a su lado.>>>

La resurrección marca así un momento clave en la historia de la humanidad, sobre todo para la civilización occidental. Y mucho se ha escrito al respecto. Sin embargo quizás la mejor manera de comprender lo que ocurrió es volver al texto bíblico, al relato que los discípulos hacen de lo que vivieron y tratar de entender estos relatos en el contexto de su tiempo. Como sabemos los Evangelios fueron escritos varios años después de la muerte de Jesús y a la luz de su resurrección. Por ello la importancia de este acontecimiento, porque es a partir de la resurrección que los discípulos se acercan de una nueva manera a Jesús. Aunque durante el tiempo compartido con él empezaron a sentir que él era el Mesías y que tenía una relación de particular intimidad con Dios, es a partir de la resurrección que se atreven a afirmar que Jesús es el Hijo de Dios, a quien Dios ha hecho Señor y ha puesto su nombre por encima de todo nombre en la tierra, como diría el apóstol Pablo.

Los teólogos católicos y protestantes han reflexionado mucho sobre la resurrección de Jesús, desde afirmaciones como las de Bultmann quien sostenía que Jesús sólo había resucitado en el “kerygma” de los apóstoles, en el anuncio de la Buena Nueva sin recurrir a la historicidad de este acontecimiento, hasta la postura de Pannenberg quien insiste en la historicidad de la resurrección. A los aportes de la historia se suman los aportes de la narración, el relato y la lingüística. La teología narrativa que se ha desarrollado en los últimos años, con figuras como Metz y Moingt, pone el acento justamente en el relato, en la importancia de volver al relato evangélico para tratar de entender desde el propio texto lo vivido por los discípulos, lo que nos puede permitir establecer una relación con el propio relato de nuestras vidas.


Victimae paschali laudes, alabanza a la víctima pascal, canto gregoriano, probablemente del siglo XI, es una de las secuencias medievales que se canta el domingo de Pascua.

Tres categorías que nos pueden ayudar a acercarnos a una renovada comprensión de los relatos de la resurrección de Jesús en los cuatro evangelios son: el vacío, el asombro y la relación. Los discípulos de Jesús viven la experiencia del vacío que representa la ausencia del cuerpo de Jesús en la tumba. Jesús no solo ha muerto en la cruz sino que además ha desaparecido y ello causa un profundo temor en los discípulos, en las mujeres que temen hablar al respecto, en los hombres que dudan de lo acontecido. Sin embargo el vacío experimentado por los discípulos se transforma en asombro. Según Lucas cuando Pedro ve la tumba vacía se va “sorprendido, asombrado”, ya no hay miedo, sino asombro, asombro frente a algo que se desconoce, pero que no asusta. Es la experiencia del asombro la que permite salir del vacío y abrirse a algo nuevo. Los discípulos se asombran, se dejan sorprender, están abiertos a lo que pueda suceder. Y es a partir de esta actitud que ellos pueden entrar en relación con Jesús resucitado, una relación que pasa por la palabra y por el cuerpo. Jesús se manifiesta delante de ellos, se les aparece en lugares llenos de recuerdos, durante la pesca, en la mesa al comer, en el camino. Y cuando se manifiesta delante de ellos, les habla, les desea la paz, les hace preguntas, les invita a comer. La palabra circula entre ellos. Y él se deja tocar, deja tocar sus heridas, aquellas que muestran su fragilidad, su humanidad herida, lo que permite que sea reconocido por los suyos. La relación que se había roto con su muerte, vuelve a establecerse, ahora con mucha más fuerza.

Esta ha sido la experiencia vivida por los discípulos de Jesús, por aquellos a quienes él llamaba amigos, ellos pasaron del vacío al asombro que les permitió entrar en relación con Jesús resucitado y a través de él con Dios. A la imagen de Dios trino que es relación, nosotros también estamos invitados a entrar en relación con Dios, con nosotros mismos y con los demás. Pero para poder entrar en relación, una relación que pasa por la palabra que podemos dirigir a los demás y que podemos acoger de los otros, así como por nuestro cuerpo que se comunica, que expresa lo que vivimos en nuestro interior, debemos dejarnos asombrar por aquello que desconocemos. En un mundo en el que todo nos conlleva a tratar de controlar las cosas, de saberlo todo, de buscar explicaciones a todo, quizás podamos aceptar que hay cosas que se escapan de nuestro control, hay cosas que no podemos saber ni comprender del todo. Allí entra a tallar nuestra capacidad de asombro, de sorpresa ante la vida que se nos presenta por delante. Es el asombro en el que nos ayudará a salir del vacío en el que a veces están hundidas nuestras vidas, que viven por vivir, sin un verdadero sentido, sin palabras, sin compañía. Salir del vacío para entrar en la relación dejándonos asombrar por la vida.

Estas tres categorías que surgen de la lectura de los textos bíblicos y de la observación de nuestra realidad, nos pueden ayudar en este tiempo pascual a leer con otros ojos las narraciones del Evangelio, pueden permitir acercarnos a los relatos de la resurrección de Jesús, relatos que nos dicen lo que en su momento experimentaron los discípulos y que son al mismo tiempo una invitación a vivir la misma experiencia hoy en día, a dejarnos asombrar por el encuentro con Jesús resucitado.

Víctor Hugo Miranda, S.J.